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Un claro desafío al peligro en SPM

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Un claro desafío al peligro en SPM
Los jovenzuelos se bañan sin ningún control en el lugar, en el malecón de San Pedro de Macorís. Florentino Durán

En el lugar ubicado al Este, casi donde inicia el malecón de San Pedro de Macorís, existe un balneario prohibido que paradójicamente es el más concurrido por los mozalbetes, muchos de los cuales se bañan en el mismo a escondida de sus padres y donde no pocos han perdido la vida.

El rompeolas, más que un vestigio de la época dorada, cuando la Sultana del Este era una verdadera "Tacita de Oro", es un centro presto e ideal de entrenarse para delinquir, probar los riesgos que parecen satisfacer la mente de jóvenes con pocas opciones y envolverse en el pandillaje porque al parecer se le alejaron las posibilidades de superarse.

Allí se juntan quienes tienen edades entre 12 y 25 años, también aparecen los más viejos, rostros fichados y conocidos en archivos policiales; algunos de los cuales son los vecinos del barrio Villa Faro, La Arena o Restauración. Los mismos que en redadas policiales realizadas en el lugar coinciden con los buscados por crímenes y delitos recientes y olvidados para algunos.

Del rompeolas de San Pedro hay muchas historias, algunas que solían contar Miguel Alfonso Mendoza (Piras) salpicadas de su fervor por el Macorís del Mar, pero que ahora se revierten en peligro para quienes observan pleitos y discusiones frecuentes que se originan en el lugar.

No pocos entre quienes visitan esta área del malecón, observan el contraste entre un parque infantil auspiciado por la empresa Semen a escasa distancia y custodiado por guardianes privados, y los mozalbetes que en su mayoría desnudos saltan y hacen maromas en la arena. Claro, los hay quienes van a pescar aprovechando la discreción y el permiso de las ruinas y rostros que dan origen al nombre.

El coquero Ramón, que oferta su mercancía a quienes caminan y visitan, es un fiel testigo de lo que allí ocurre, que al igual que quienes van al malecón para recrearse, comentan sobre los padres que son engañados, ignorando que sus hijos se bañan ahí.

Los riesgos no solo están en el agua y las profundidades, y la falta de salvavidas, sino en  los "descuiditas",  que roban hasta la ropa de quienes se lanzan al agua. Allí se impone algo de la ley del más fuerte y el grupo que controla, en ocasiones. Incluso cuando la Policía intenta llegar, son burlados por los jovenzuelos que se internan aguas adentro, haciendo imposible su captura.

Las historias verídicas citan algunos casos en que se utilizan arpones para forzar a una persona a entregar sus pertenencias; los que roban a los limpiabotas el fruto del trabajo del día y quienes no se bañan observando quien llega con algo, para entrar en acción. Es un dejar ver, dejar pasar, pese a que a varios metros se mueve una camioneta de la policía municipal o un agente.

El rompeolas tiene prohibición, pero es como si no la tuviera. Solo de noche los menores no se bañan, por temor a la marea, pero el día es un verdadero centro de entrenamiento y desobediencia sin control. Se ha hallado  drogas en el área y han perdido la vida quienes en busca de la diversión,  acuden al lugar por no contar  con otras opciones que resulten menos riesgosas.

Esa zona del malecón ha generado niveles tan elevados de delincuencia, que  hasta la ropa de los que se bañan se la llevan. Lo que existe es la ley del más fuerte. Incluso, cuando la Policía intenta llegar, es burlada por los jovenzuelos que se internan aguas adentro, haciendo imposible su captura. También se dice que la mayoría de los padres de los mozalbetes que se bañan allí,  no conocen las actividades delictivas de sus hijos.