Rivera, el boricua que terminó la larga espera aguilucha
Su estilo ortodoxo no agradó a todos, pero los resultados le dieron la razón

SANTO DOMINGO. Lino Rivera conoció a las Águilas en 2007 cuando las cuyayas de Félix Fermín les ganaron la Serie del Caribe a los anfitriones puertorriqueños Gigantes de Carolina.
Era la parte final de los años gloriosos aguiluchos y Rivera llegó en octubre (tras pedir perdón por una suspensión que pesaba sobre él) con la encomienda de devolver esa alegría a los amarillos.
Sin norte en los Estados Unidos, curtido en la pelota veraniega mexicana y boricua, la cabeza de Rivera fue pedida por más de un aguilucho.
Pero ese grueso currículo de dos décadas le daba la confianza de que las piezas que tenía eran suficientes para con la larga travesía de nueve torneos sin celebrar en el Monumento.
Rivera es un dirigente tradicional, pero abierto a la sabermetría, al que le gusta el bateo y corrido, que si tiene que tocar temprano en el partido no se lo piensa.
El ex lanzador nacido hace 50 años se convirtió en esta final en el primer estratega que lleva a la final a Licey y Águilas. El cuarto título invernal, tras lograr tres en su tierra. NPN
Nathanael Pérez Neró
Nathanael Pérez Neró