Las dos caras de la supercopa de España
Los colores del fanatismo impiden ver la realidad del fútbol

Los colores sesgan. El punto de admisión se ve limitado al borde de la frontera del sentimiento. Todo lo que traspasa ese lindero, cuesta apreciarse. Reconocer el mérito del rival y su talento tiene una barrera de excusas que apartan al fanático de cualquier espacio donde pueda aparecer la lucidez. Pasa en el fútbol, en la política, en cualquier rincón donde habite lo humano. La victoria del Barcelona en la final de la supercopa de España no puede reflejar mejor el estado actual de las cosas. El partido en sí fue mucho más parejo de lo que los análisis entregaban en la previa. El intercambio de goles del primer tiempo fue emocionante, pero en algún momento había que regular, y ahí, precisamente ahí, es donde el juego del Real Madrid no encuentra remedio y esta vez le volvió a llegar la factura.
Apreciar el juego de Raphina es un ejercicio que se le debe al brasileño. Subestimado hasta el extremo, el éxito del Barça de Flick encarna en sus pies a su referente principal. Además de los dos goles, tiene el ingrediente que Xabi Alonso lleva desde el verano exigiéndole, y ahora suplicándole, a su gente de arriba: que corran y bajen a defender. Si usted vio el partido seguro se dio cuenta cómo cuando no tenían la posición, el delantero hacía la transición convirtiéndose en un lateral más dándole una mano a Balde en la banda.
Para exigir todo hay que entregar en proporción y no me parece justo que con lo que tiene el Real Madrid actualmente pueda ser esto posible. Mucho menos con el poco respaldo que se le tiene al actual proyecto desde su dirigencia, ni qué decir de sus seguidores. El desequilibrio es intermitente, Mbappé lesionado, Rodrygo tocado, Vinicius con sus temas y Bellingham lejos de marcar la diferencia, la pendiente hacia la cima se inclina más.
La segunda parte de la temporada ya está acá y este Barcelona si se pone a velocidad crucero futbolísticamente parecería ser inalcanzable en liga. En Champions, su gran pendiente desde 2015, pasa por ajustar las cosas aprendiendo la lección de la temporada pasada en San Siro.
Negreira, el actual entrenador, Laporta, los videos de Lamine, a fin de cuentas, son solo chivos expiatorios, excusas para no ver hacia dentro y mantener el ruido puesto en un lugar muy a distancia de admitir las equivocaciones.

Francisco Lapouble