La MLB se toma muy en serio el pupitre
Un pelotero mejor educado entiende mejor el juego del presente y el mañana fuera de béisbol

En las últimas dos décadas, mientras cubría inauguraciones, renovaciones o arrendamientos de academias de las 30 organizaciones de las Grandes Ligas en el país, fui testigo de la mutación de estas; pasaron de complejos deportivos enfocados en pulir diamantes en bruto a laboratorios con gran énfasis en el desarrollo humano y gran hincapié en la educación.
A los plays con grama tan bien cuidada como alfombras nuevas, bullpens, cajas de bateo bajo techo, gimnasios, comedor y área de hospedaje se sumaron grandes salones dotados de pizarras físicas y electrónicas y computadoras que convirtieron estas granjas en Guerra, Boca Chica, Palenque, La Victoria y San Pedro de Macorís en escuelas donde se imparte docencia como en los planteles del Minerd.
Allí desembarcan cientos de profesores de empresas privadas, que combinan la docencia presencial y virtual mucho antes de que el COVID-19 lo normalizara. El fenómeno comenzó en la primera década de este siglo y ya lo aplican los 30 equipos.
Cientos de graduados
Los datos impresionan. Miguel Matos, director de la oficina de la MLB en el país, informó a Diario Libre que en 2025 se graduaron de educación secundario 425 jóvenes, incluyendo releases, a quienes los clubes permitieron continuar sus estudios a pesar de ser dejado libre. De ese grupo hubo 253 dominicanos y el resto de países como Venezuela, Colombia, Cuba y Panamá, que llegaron a Quisqueya como primer escalón del largo camino a la MLB.
El cambio de enfoque va más allá de la responsabilidad social de los clubes dotar de una "liquidación" a la mayoría de jugadores que no llegará a la MLB. Los pocos que llegan afrontan un escenario más desafiante, donde más allá de la habilidad que se trae en el ADN el pelotero compite en un mundo de algoritmos, que exige de lectura y comprensión de reportes para batear, lanzar, ajustar la defensa según el rival, interpretar estrategias y comunicarse en un clubhouse cada vez más internacional.
Pero los clubes también entendieron que enviar a las calles desarmados a ese ejército de jóvenes que se queda en el camino era un pasivo alto. La vida como pelotero es corta, después del béisbol llegan desafíos que requieren de esas horas de pupitres que se toman en la adolescencia.
Cuando un club invierte en la dentadura del pelotero no solo le ayuda digerir mejor los alimentos y evitar lesiones... también cuando sonríe ante las cámaras vende un producto más limpio, más sano.
- Hacer la educación pública universal tan reciente como en la Prusia de Federico el Grande (1763) aceleró cambios en el mundo como nunca antes al democratizar el conocimiento.
Los niños que aspiran a ser peloteros cada vez llegan más temprano a las academias independientes y sacrifican muchas horas en las aulas. Que los clubes completen ese trabajo es una compensación, al menos a los que firman.




Nathanael Pérez Neró