El dopaje volvió a dejar sus manchas en el 2006
Los deportes de los pedales y el atletismo se vieron cuestionados por el uso de sustancias prohibidas

PANAMÁ. Encarnada con su épica fuga en los Alpes en la que borró casi de un plumazo una desventaja de más de ocho minutos, la victoria de Floyd Landis en el Tour de Francia parecía lavarle la cara el ciclismo.
Y el atletismo, otro deporte crónicamente embarrado por el fango del dopaje, palpitaba por la rivalidad entre Asafa Powell y Justin Gatlin, que comparten el récord mundial en los 100 metros.
Pero las garras del dopaje no tuvieron piedad, culpables de bajar de su pedestal tanto a Landis como a Gatlin, además de desvirtuar el prestigio de ambas disciplinas.
Gatlin había igualado en mayo la plusmarca de 9.77 segundos que el jamaiquino Powell había establecido un año antes en Atenas, anulando un cuestionado registro previo de Tim Montgomery, uno de los velocistas desacreditados en el escándalo BALCO. El desafío Gatlin-Powell era esperado con ansiedad.
Pero el estadounidense Gatlin, campeón mundial y olímpico, cayó en desgracia al dar positivo por testosterona en una justa en Kansas en abril, lo que le valió una sanción de ocho años impuesta por la federación de atletismo de su país. El récord que comparte con Powell se mantiene vigente mientras sigue el curso del proceso de apelaciones.
Mientras el atletismo sufría el impacto por el dopaje de una figura cimera, el deporte de los pedales se veía aún más cuestionado por el co nsumo de sustancias prohibidas.
El Tour de este año se presentaba atractivo por ser el primero sin Lance Armstrong, su campeón en las siete ediciones previas. Pero la era post-Armstrongen la ronda gala arrancó con el pie izquierdo por las bajas de ciclistas de renombre como Ivan Basso, Jan Ullrich y Alexander Vinokurov al verse envueltos en la vorágine de la Operación Puerto, una investigación sobre dopaje en España.
La actuación de Landis, de garra y sacrificio, parecía levantar al ciclismo, pero su positivo por elevados niveles de testosterona, conocido unos días después de subir a lo más alto del podio en París, fue un brutal golpe que dejó aturdidos a propios y extraños.
Los organizadores del Tour llegaron a catalogar a Landis como tramposo y consideraron que no era el campeón legítimo, pero éste negó que se haya dopado y se está defendiendo ante las acusaciones que podrían costarle el título. La turbulencia en el ciclismo comenzó mucho antes del 2006, cuando un diario deportivo francés aseguró que Armstrong había supuestamente dado positivo por la EPO, una sustancia utilizada para tener más resistencia, en el Tour de 1999. Pero el texano logró salir victorioso en tres procesos legales que le dieron la razón.
Los jerarcas del ciclismo prometieron una guerra al dopaje y advirtieron, incluso, que ello podría llevar a acortar la duración del Tour, si con ello se logra impedir la práctica. La advertencia también fue para el Giro de Italia y la Vuelta a España, las otras dos grandes competencias.
Con semejantes latigazos al deporte, ¿cómo se avizora el 2007? El caso de Landis debe resolverse al despuntar el año cuando se decida sobre la suerte de los recursos de apelaciones que presentó. De prosperar las acusaciones, Landis se convertiría en el primer campeón que es despojado de su título por dopaje en los 103 años del Tour.
Por su parte, la Operación Puerto se ha estancado y varios los que se vieron implicados han quedado habilitados para competir.
El italiano Basso, por ejemplo, firmó contrato con Discovery Channel, el ex equipo de Armstrong, y se perfila como gran favorito en el Tour. A su vez, el kazajo Vinokourov ganó la Vuelta de España del 2006, y prometió revalidar el título. Ullrich rema contra la corriente y con la incertidumbre de no poder contar de momento con un equipo.
Volviendo al atletismo, que tendrá en el 2007 su mundial en la ciudad japonesa de Osaka, Powell terminó coronándose como el mejor atleta del año.
Powell igualó dos veces su propia marca mundial de 9.77 segundos en los 100 metros, y quedó apuntándole a Japón.
Y el atletismo, otro deporte crónicamente embarrado por el fango del dopaje, palpitaba por la rivalidad entre Asafa Powell y Justin Gatlin, que comparten el récord mundial en los 100 metros.
Pero las garras del dopaje no tuvieron piedad, culpables de bajar de su pedestal tanto a Landis como a Gatlin, además de desvirtuar el prestigio de ambas disciplinas.
Gatlin había igualado en mayo la plusmarca de 9.77 segundos que el jamaiquino Powell había establecido un año antes en Atenas, anulando un cuestionado registro previo de Tim Montgomery, uno de los velocistas desacreditados en el escándalo BALCO. El desafío Gatlin-Powell era esperado con ansiedad.
Pero el estadounidense Gatlin, campeón mundial y olímpico, cayó en desgracia al dar positivo por testosterona en una justa en Kansas en abril, lo que le valió una sanción de ocho años impuesta por la federación de atletismo de su país. El récord que comparte con Powell se mantiene vigente mientras sigue el curso del proceso de apelaciones.
Mientras el atletismo sufría el impacto por el dopaje de una figura cimera, el deporte de los pedales se veía aún más cuestionado por el co nsumo de sustancias prohibidas.
El Tour de este año se presentaba atractivo por ser el primero sin Lance Armstrong, su campeón en las siete ediciones previas. Pero la era post-Armstrongen la ronda gala arrancó con el pie izquierdo por las bajas de ciclistas de renombre como Ivan Basso, Jan Ullrich y Alexander Vinokurov al verse envueltos en la vorágine de la Operación Puerto, una investigación sobre dopaje en España.
La actuación de Landis, de garra y sacrificio, parecía levantar al ciclismo, pero su positivo por elevados niveles de testosterona, conocido unos días después de subir a lo más alto del podio en París, fue un brutal golpe que dejó aturdidos a propios y extraños.
Los organizadores del Tour llegaron a catalogar a Landis como tramposo y consideraron que no era el campeón legítimo, pero éste negó que se haya dopado y se está defendiendo ante las acusaciones que podrían costarle el título. La turbulencia en el ciclismo comenzó mucho antes del 2006, cuando un diario deportivo francés aseguró que Armstrong había supuestamente dado positivo por la EPO, una sustancia utilizada para tener más resistencia, en el Tour de 1999. Pero el texano logró salir victorioso en tres procesos legales que le dieron la razón.
Los jerarcas del ciclismo prometieron una guerra al dopaje y advirtieron, incluso, que ello podría llevar a acortar la duración del Tour, si con ello se logra impedir la práctica. La advertencia también fue para el Giro de Italia y la Vuelta a España, las otras dos grandes competencias.
Con semejantes latigazos al deporte, ¿cómo se avizora el 2007? El caso de Landis debe resolverse al despuntar el año cuando se decida sobre la suerte de los recursos de apelaciones que presentó. De prosperar las acusaciones, Landis se convertiría en el primer campeón que es despojado de su título por dopaje en los 103 años del Tour.
Por su parte, la Operación Puerto se ha estancado y varios los que se vieron implicados han quedado habilitados para competir.
El italiano Basso, por ejemplo, firmó contrato con Discovery Channel, el ex equipo de Armstrong, y se perfila como gran favorito en el Tour. A su vez, el kazajo Vinokourov ganó la Vuelta de España del 2006, y prometió revalidar el título. Ullrich rema contra la corriente y con la incertidumbre de no poder contar de momento con un equipo.
Volviendo al atletismo, que tendrá en el 2007 su mundial en la ciudad japonesa de Osaka, Powell terminó coronándose como el mejor atleta del año.
Powell igualó dos veces su propia marca mundial de 9.77 segundos en los 100 metros, y quedó apuntándole a Japón.
Diario Libre
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