I-Rod es mejor catcher que Bench, Berra y Fisk
Bench es considerado un maestro de la defensa

MIAMI. Olvídense de Johnny Bench y Carlton Fisk. Descarten a Roy Campanella y Yogi Berra. El mejor receptor de todos los tiempos en las Grandes Ligas es el boricua Iván Rodríguez. Siempre fue demasiado bajito y no le auguraban un buen futuro. Tal vez por ese físico tan lejos del ideal, I-Rod se obligó a sí mismo a redoblar sus esfuerzos para llegar a donde ha llegado. Y, créanlo, ha llegado lejos.
Después de 16 temporadas, el "Pudge" exhibe un palmarés de alcurnia y lo mejor de todo es que aún le queda gasolina en el tanque como para seguir algunos años más…claro, siempre y cuando la salud lo acompañe.
Ahora mismo se acerca a los dos mil desafíos jugados como receptor, hazaña conseguida sólo por Fisk (2,226), Bob Boone (2,225) y Gary Carter (2,056).
Rodríguez (1,934) necesita 66 juegos para llegar a los dos millares y 123 para ocupar la tercera posición, delante de Carter.
Defensivamente ha dejado records impresionantes, como sus 12 premios Guante de Oro, diez de ellos de forma consecutiva. Sólo los lanzadores Greg Maddux (16) y Jim Kaat (16), el antesalista Brooks Robinson (16) y el campo corto Ozzie Smith (13) le superan en número, pero ninguno de ellos se puso jamás una careta y se sentó detrás del plato a recibir disparos.
Su promedio defensivo es realmente envidiable: .991 en 16,214 innings. Y si de "asesinar" corredores en base se trata, el boricua es un maestro, al fusilar a 556 en 1,148 intentos, para un 48 por ciento, en un béisbol donde la mayoría de los enmascarados ponen out a una media del 33 por ciento de los "ladrones".
Pero más allá de sus cifras, está el intangible de su capacidad para dirigir a los lanzadores, de exprimir al máximo el talento de serpentineros inexpertos hasta convertirlos en verdaderas estrellas.
En el 2003, los Marlins de la Florida contaban con un elenco de pitcher jóvenes de mucho potencial, que Pudge supo explotar hasta llevar al equipo a la conquista de la Serie Mundial.
En el 2006 repitió la historia con los tiradores de Detroit y aunque no ganó al final, también llegó al Clásico de Octubre.
A ello únanle el liderazgo que ejerce dentro del dugout, sin contar sus habilidades ofensivas que le han hecho acreedor de cinco premios Bates de Plata y la distinción de Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1999.
Con average de por vida de .304, 2,354 hits, 277 jonrones y 1119 impulsadas, Iván ha demostrado ser un bateador consistente y sobre todo oportuno, de esos a los que no les tiembla la mano cuando llega la hora buena.
Menos mal que la naturaleza lo hizo pequeño. Tal vez de otro modo no se hubiera esforzado tanto, ni hubiera desarrollado ese temperamento que lo convierte en una fiera cuando de jugar béisbol se trata.
Después de 16 temporadas, el "Pudge" exhibe un palmarés de alcurnia y lo mejor de todo es que aún le queda gasolina en el tanque como para seguir algunos años más…claro, siempre y cuando la salud lo acompañe.
Ahora mismo se acerca a los dos mil desafíos jugados como receptor, hazaña conseguida sólo por Fisk (2,226), Bob Boone (2,225) y Gary Carter (2,056).
Rodríguez (1,934) necesita 66 juegos para llegar a los dos millares y 123 para ocupar la tercera posición, delante de Carter.
Defensivamente ha dejado records impresionantes, como sus 12 premios Guante de Oro, diez de ellos de forma consecutiva. Sólo los lanzadores Greg Maddux (16) y Jim Kaat (16), el antesalista Brooks Robinson (16) y el campo corto Ozzie Smith (13) le superan en número, pero ninguno de ellos se puso jamás una careta y se sentó detrás del plato a recibir disparos.
Su promedio defensivo es realmente envidiable: .991 en 16,214 innings. Y si de "asesinar" corredores en base se trata, el boricua es un maestro, al fusilar a 556 en 1,148 intentos, para un 48 por ciento, en un béisbol donde la mayoría de los enmascarados ponen out a una media del 33 por ciento de los "ladrones".
Pero más allá de sus cifras, está el intangible de su capacidad para dirigir a los lanzadores, de exprimir al máximo el talento de serpentineros inexpertos hasta convertirlos en verdaderas estrellas.
En el 2003, los Marlins de la Florida contaban con un elenco de pitcher jóvenes de mucho potencial, que Pudge supo explotar hasta llevar al equipo a la conquista de la Serie Mundial.
En el 2006 repitió la historia con los tiradores de Detroit y aunque no ganó al final, también llegó al Clásico de Octubre.
A ello únanle el liderazgo que ejerce dentro del dugout, sin contar sus habilidades ofensivas que le han hecho acreedor de cinco premios Bates de Plata y la distinción de Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1999.
Con average de por vida de .304, 2,354 hits, 277 jonrones y 1119 impulsadas, Iván ha demostrado ser un bateador consistente y sobre todo oportuno, de esos a los que no les tiembla la mano cuando llega la hora buena.
Menos mal que la naturaleza lo hizo pequeño. Tal vez de otro modo no se hubiera esforzado tanto, ni hubiera desarrollado ese temperamento que lo convierte en una fiera cuando de jugar béisbol se trata.
Diario Libre
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