La historia del encendido del mítico fuego olímpico

LONDRES. La llama olímpica evoca la leyenda de Prometeo, el Titán que robó el fuego a los dioses del Olimpo para entregárselo a los humanos. En los Juegos Olímpicos de la antigüedad, disputados en la ciudad de Olimpia, se mantenía encendido un fuego que ardía el tiempo que duraran las competencias.
Esta tradición fue recuperada durante los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928, cuando por primera vez fue encendido un pebetero para indicar el inicio de las competiciones.
En los Juegos Olímpicos de 1932 se presentó una cita de Pierre de Coubertain que rezaba: "Que la Antorcha Olímpica siga su curso a través de los tiempos para el bien de la humanidad cada vez más ardiente, animosa y pura".
En los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 se introdujo por primera vez la ceremonia de transporte de la llama olímpica desde Olimpia, antiguo lugar de realización de los Juegos, hasta la ciudad sede. Unos 3,000 atletas realizaron la carrera para llevar la llama hasta la capital alemana. Desde aquella edición, la carrera para transportar la antorcha se convirtió en una tradición de cada edición.
Diario Libre
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