M. Alou jugará a 11 millas de trágico lugar familiar
El asesinato de su suegro y su cuñado lo marcó para siempre

PORT ST. LUCIE, FLORIDA. El teléfono sonó en el apartamento de Moisés Alou en Montreal. Era tarde, acercándose a la medianoche, y su esposa, Austria, con seis meses de embarazo de su segundo hijo, estaba sentada a su lado, mirando una película.
Ella contestó el teléfono. Del otro lado estaba su tía, llamando desde Brooklyn. La conexión era pobre y lo fue también para Austria que no pudo escuchar a su tía a través de la línea estática. Ella le pasó la llamada a su esposo.
La tía hizo la mayor parte de la conversación; Alou se sentó a escuchar. Él no dijo más que unas pocas palabras. Por el resto de la película, sobre una noche sin sueño y tarde para la mañana siguiente, Alou luchó tratando de encontrar la manera de decírselo a su esposa. Decidió que no había una buena forma de hacerlo: su padre y su hermano habían sido asesinado.
Para Alou no pasa un día sin que piense sobre esa noche del 27 de julio de 1995 cuando su suegro, Percio Melo, y su cuñado, Julio Antonio Melo, fueron baleados durante un intento de atraco en su bodega en la sección Bedford-Stuyvesant de Brooklyn.
Él los ve en sus pensamientos, sus sueños y todas las veces que habla a su hijo de 11 años, Percio Antonio, nacido tres meses después del hecho.
Y habrá constantes recuerdos este año para Alou, el nuevo jardinero izquierdo de los Mets, jugando a 11 millas del lugar donde ocurrió el hecho más terrible en su vida, conjuntamente con la muerte por ahogo de su hermano mayor, Felipe, en 1976.
Será un reto para Alou, que nunca ha jugado para equipos de Nueva York, y quien a los 40 años se está preparando para la que podría ser su última temporada de su distinguida carrera llena de grandes momentos y frustraciones.
Jugó para su padre, Felipe, en el dinámico equipo de Montreal de 1994 que pudo haber ganado la Serie Mundial sino hubiese ocurrido la huelga que afectó a la temporada.
Tres años más tarde logró el objetivo con los Marlins de Florida. En 2003, él y sus compañeros de los Cachorros de Chicago estuvieron a cinco outs para llegar a la Serie Mundial cuando un desventurado fanático interrumpió un elevado de foul que Alou iba a atrapar.
Cuando él revisa su carrera de 2,005 hits y promedio de bateo de .301, habla nostálgicamente y dice que no tiene de qué lamentarse.
Bueno, hay algo. Alou conversaba con Percio Melo al menos, usualmente dos veces, una vez al día más que lo que hablaba con su padre, dijo. Hubiese sido especial para Percio haberlo visto ganar esa Serie Mundial de 1997, y conocer al resto de sus nietos. Especialmente a Percio Antonio, quien, dijo Alou, se parece a su abuelo.
"Algunas veces, cuando ves una película y ve todas esas clases de cosas que te hacen llorar, todavía sientes un poco indiferente por eso porque nunca piensas que te puede pasar a ti", dijo Alou en una entrevista de 45 minutos. "Viví eso, sé cómo se siente. Piensas que estás durmiendo y todo lo que quieres hacer es despertar y pensar que era una pesadilla. Pero no es una pesadilla, es real".
Todo el mundo lo llamaba Percio Poppy. Había venido desde República Dominicana a principios de la década de 1960 y pronto él y su amplia familia poseía más de una docena de bodegas en Brooklyn y Queens. Alou lo conoció en 1983, el año que él y Austria comenzaron a tratarse y recuerda sentirse un poco intimidado en principio.
"Era pequeño pero guapo, rudo, un tipo rudo", dijo Alou. A través de unos tragos de cervezas, se sentarían y conversaron de béisbol y su relación rápidamente floreció. Los Melo no eran ricos, pero en 1989, cuando Alou y Austria se casaron, Percio los dejó que vivieran con él en República Dominicana por alrededor de seis meses hasta que consiguieran un lugar de su propiedad.
Cuando Alou llegó a las Grandes Ligas en 1992, cambió a estar en un lujoso hotel del equipo en Manhattan por una habitación en el apartamento de los Melo en Washington Avenue en Corona Height, en Brooklyn.
La bodega, llamada Junior's Grocery, estaba en la esquina de la Madison Street y Stuyvesant Avenue, una intersección arenosa en un turbulento vecindario.
Una vez, un hombre puso una pistola en la cabeza de Percio, pero éste luchó con sus manos y lo persiguió. Percio trabajó demasiado duro por su dinero para dejar que un ladrón se lo lleve. Su familia y amigos le imploraban que se retire, que salga de ese campo de batalla y de graffiti, y él eventualmente lo aplacaba, planeando regresar a República Dominicana para finales de 1995 a atender su finca.
El negocio estaba vacío alrededor de las 10:00 de la noche del 27 de julio. Julio Antonio estaba contando el dinero cuando un joven de 20 años llamado Kareem Fauntleroy llegó disparando. Fauntleroy disparó a Julio Antonio en la cabeza. Desde una habitación trasera, Percio escuchó los disparo y sacó su propia pistola.
Salió y disparó a Fauntleroy una vez en el pecho, pero antes él había sido impactado varias veces en su espalda. Julio Antonio, el hombre conocido como Tony, que todavía caminaba con un bastón por el polio que batallaba desde niño, murió luego a unos pasos de su padre.
Dos horas más tarde, el teléfono sonó en Montreal con la noticia. Temía que le causara un shock y posiblemente un aborto.
La siguiente mañana, Alou habló con su padre, quien en ese entonces era el dirigente de los Expos y le dijo que se quede en la casa.
Pero Austria todavía no lo sabía. Para las 4:30 de la tarde, cuando su esposo no había dejado la casa para irse al estadio, ella sospechaba que algo andaba mal. Alou llamó a las esposas de sus compañeros Will Cordero y Mel Rojas y se lo explicaron a Austria.
Ella contestó el teléfono. Del otro lado estaba su tía, llamando desde Brooklyn. La conexión era pobre y lo fue también para Austria que no pudo escuchar a su tía a través de la línea estática. Ella le pasó la llamada a su esposo.
La tía hizo la mayor parte de la conversación; Alou se sentó a escuchar. Él no dijo más que unas pocas palabras. Por el resto de la película, sobre una noche sin sueño y tarde para la mañana siguiente, Alou luchó tratando de encontrar la manera de decírselo a su esposa. Decidió que no había una buena forma de hacerlo: su padre y su hermano habían sido asesinado.
Para Alou no pasa un día sin que piense sobre esa noche del 27 de julio de 1995 cuando su suegro, Percio Melo, y su cuñado, Julio Antonio Melo, fueron baleados durante un intento de atraco en su bodega en la sección Bedford-Stuyvesant de Brooklyn.
Él los ve en sus pensamientos, sus sueños y todas las veces que habla a su hijo de 11 años, Percio Antonio, nacido tres meses después del hecho.
Y habrá constantes recuerdos este año para Alou, el nuevo jardinero izquierdo de los Mets, jugando a 11 millas del lugar donde ocurrió el hecho más terrible en su vida, conjuntamente con la muerte por ahogo de su hermano mayor, Felipe, en 1976.
Será un reto para Alou, que nunca ha jugado para equipos de Nueva York, y quien a los 40 años se está preparando para la que podría ser su última temporada de su distinguida carrera llena de grandes momentos y frustraciones.
Jugó para su padre, Felipe, en el dinámico equipo de Montreal de 1994 que pudo haber ganado la Serie Mundial sino hubiese ocurrido la huelga que afectó a la temporada.
Tres años más tarde logró el objetivo con los Marlins de Florida. En 2003, él y sus compañeros de los Cachorros de Chicago estuvieron a cinco outs para llegar a la Serie Mundial cuando un desventurado fanático interrumpió un elevado de foul que Alou iba a atrapar.
Cuando él revisa su carrera de 2,005 hits y promedio de bateo de .301, habla nostálgicamente y dice que no tiene de qué lamentarse.
Bueno, hay algo. Alou conversaba con Percio Melo al menos, usualmente dos veces, una vez al día más que lo que hablaba con su padre, dijo. Hubiese sido especial para Percio haberlo visto ganar esa Serie Mundial de 1997, y conocer al resto de sus nietos. Especialmente a Percio Antonio, quien, dijo Alou, se parece a su abuelo.
"Algunas veces, cuando ves una película y ve todas esas clases de cosas que te hacen llorar, todavía sientes un poco indiferente por eso porque nunca piensas que te puede pasar a ti", dijo Alou en una entrevista de 45 minutos. "Viví eso, sé cómo se siente. Piensas que estás durmiendo y todo lo que quieres hacer es despertar y pensar que era una pesadilla. Pero no es una pesadilla, es real".
Todo el mundo lo llamaba Percio Poppy. Había venido desde República Dominicana a principios de la década de 1960 y pronto él y su amplia familia poseía más de una docena de bodegas en Brooklyn y Queens. Alou lo conoció en 1983, el año que él y Austria comenzaron a tratarse y recuerda sentirse un poco intimidado en principio.
"Era pequeño pero guapo, rudo, un tipo rudo", dijo Alou. A través de unos tragos de cervezas, se sentarían y conversaron de béisbol y su relación rápidamente floreció. Los Melo no eran ricos, pero en 1989, cuando Alou y Austria se casaron, Percio los dejó que vivieran con él en República Dominicana por alrededor de seis meses hasta que consiguieran un lugar de su propiedad.
Cuando Alou llegó a las Grandes Ligas en 1992, cambió a estar en un lujoso hotel del equipo en Manhattan por una habitación en el apartamento de los Melo en Washington Avenue en Corona Height, en Brooklyn.
La bodega, llamada Junior's Grocery, estaba en la esquina de la Madison Street y Stuyvesant Avenue, una intersección arenosa en un turbulento vecindario.
Una vez, un hombre puso una pistola en la cabeza de Percio, pero éste luchó con sus manos y lo persiguió. Percio trabajó demasiado duro por su dinero para dejar que un ladrón se lo lleve. Su familia y amigos le imploraban que se retire, que salga de ese campo de batalla y de graffiti, y él eventualmente lo aplacaba, planeando regresar a República Dominicana para finales de 1995 a atender su finca.
El negocio estaba vacío alrededor de las 10:00 de la noche del 27 de julio. Julio Antonio estaba contando el dinero cuando un joven de 20 años llamado Kareem Fauntleroy llegó disparando. Fauntleroy disparó a Julio Antonio en la cabeza. Desde una habitación trasera, Percio escuchó los disparo y sacó su propia pistola.
Salió y disparó a Fauntleroy una vez en el pecho, pero antes él había sido impactado varias veces en su espalda. Julio Antonio, el hombre conocido como Tony, que todavía caminaba con un bastón por el polio que batallaba desde niño, murió luego a unos pasos de su padre.
Dos horas más tarde, el teléfono sonó en Montreal con la noticia. Temía que le causara un shock y posiblemente un aborto.
La siguiente mañana, Alou habló con su padre, quien en ese entonces era el dirigente de los Expos y le dijo que se quede en la casa.
Pero Austria todavía no lo sabía. Para las 4:30 de la tarde, cuando su esposo no había dejado la casa para irse al estadio, ella sospechaba que algo andaba mal. Alou llamó a las esposas de sus compañeros Will Cordero y Mel Rojas y se lo explicaron a Austria.
Diario Libre
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