Sobre cómo la pandemia transformará la banca criolla

$!Sobre cómo la pandemia transformará la banca criolla

Cada vez pienso más no en cómo será nuestra vida después el COVID-19, sino en cómo es que conviviremos con la pandemia que ha generado. Ausente un tratamiento o una vacuna, reinventarnos en torno a esa relación es fundamental para sobrevivir 2020 y relanzarnos en 2021.

Durante los últimos días, he reflexionado en el impacto que tendrá el COVID-19 sobre la economía y, de manera particular, en los retos y las oportunidades que presenta para la banca dominicana. Comparto algunos apuntes del cómo se transformará el sector bancario durante estos tiempos de pandemia.

Lo hago con humildad, a sabiendas de que es poco de lo que podemos estar seguros ahora y con todo el deseo de equivocarme en algunas de estas especulaciones, aunque pienso que, al final del día, contaremos con una banca más eficiente, consolidada y, ojalá, más humana.

Más digital

Si antes la transformación digital era un lujo que solo algunos podían darse, mientras también mantenían su tradicional infraestructura física de sucursales y cajeros, ahora sabemos que lo digital es esencial para la supervivencia.

Cotizar un préstamo, abrir una cuenta de ahorro o negociar un depósito a plazo fijo tendrá que poder hacerse de forma digital y desmaterializada en el muy corto plazo.

Esto requerirá de cambios profundos, tanto en materia regulatoria y legal, como en el cómo se organizan las entidades, pero es realizable. Lo que antes era un sueño, ahora es un requisito esencial y sin lugar a dudas, un paso en la dirección correcta.

Más cauta

Creo que el gran “boom” crediticio de los últimos siete años finalizará dentro de los próximos meses. Hasta tanto no se reactiven importantes rubros de la economía, algunos de los cuales no están bajo nuestro control (turismo, remesas), en adición a toda la incertidumbre que permea los mercados, es difícil pensar que los bancos retomarán con el mismo entusiasmo de antes su rol de financista.

Su aversión al riesgo es mayor. Con esto no digo que no se prestará, solo que se hará con mayores exigencias de garantía y a los segmentos empresariales y poblacionales menos impactados por la contracción económica que sufrimos.

La cautela no será solamente en cuanto a quiénes se les presta, sino también a cuáles plazos (menos largo plazo) y en qué moneda, pues ya hemos olvidado la lección del 2003 de no financiar en dólares a quienes no son generadores de divisas.

Más público-privado

Veremos mayor integración e involucramiento del sector oficial en las actividades de intermediación, sea a través del estatal Banco de Reservas o de nuevos mecanismos, como los fondos de garantía (ojalá que de carácter mixto o público-privado), para asegurar un adecuado flujo crediticio para la eventual reactivación de la economía.

Menos algorítmica

Prepárese a recibir más llamadas personales de su banquero. Sobre todo, para indagar en cuanto a cómo le va durante la pandemia y si mantiene su empleo.

Los modelos de aprobación de crédito existentes se fundamentan en complejos algoritmos y modelos probabilísticos y masivas bases de datos de historiales de pago de los que nacen puntajes de riesgo automatizados.

El problema es que, en esta época de periodos de “gracia” y flexibilización en el pago de las cuotas, muchos de estos modelos no serán de gran utilidad, más aun cuando una parte tan importante de la población simple y llanamente está desempleada.

Más equilibrada

La banca trabaja bajo un marco de regulación y supervisión que, por necesidad pandémica, tendrá que ser mucho más flexible, equilibrado y condescendiente que las normas del pasado. Como esta es una tarea de todos, veremos nuevas y necesarias gradualidades en la implementación de normas existentes o por venir, pues de nada servirá una regulación perfecta si matamos al paciente que, por causas ajenas, está bajo cuidados intensivos, como espejo que es la banca del resto de la economía.

Nunca como ahora veremos esa tensión entre los mecanismos para asegurar la estabilidad financiera, por un lado, y la necesidad de servir como mecanismo de rescate para mantener a flote hogares y empresas. El equilibrio predominará.

Menos rentable

Sale costoso adecuar de forma acelerada las plataformas tecnológicas para los retos digitales del presente inmediato. A esto agréguele las inversiones necesarias en materia sanitaria, de bioseguridad y de logística, que debe hacer todo el sector.

En adición, las reservas para préstamos de dudoso cobro que los bancos tendrán que constituir por la quiebra de empresas y pérdida de empleo, impactarán la rentabilidad del sector, gran parte del cual se encontraba, eso sí, tan preparado como se podía estar en cuanto a solvencia, para amortiguar el golpe de nuestra primera recesión en 15 años.

Más consolidada

Cuando el mar está estable, todos los barcos navegan bien. Pero cuando arrecia una tormenta, solo las embarcaciones más fuertes no naufragan ante los embates de las olas y la presión de los vientos.

Las crisis tienden a acelerar los procesos de consolidación de entidades, algunas de las cuales determinarán que por sí solas no cuentan con la suficiente capacidad para encarar los nuevos requerimientos de capital, inversiones en tecnología y de provisiones por deterioro crediticio que, aun aplicando la mayor flexibilidad normativa, demandarán estos tiempos.

En la unión encontrarán la fuerza, sobre todo algunos de los proveedores más pequeños del sector. También por esto será importante, cuando superemos la pandemia, establecer nuevas reglas del juego para asegurar la competencia y efectiva dinámica de mercado.

Mejor comunicadora

Tantos cambios en el diseño de productos y el marco regulatorio bajo el cual operan obligarán a los bancos a comunicarse mejor con sus clientes, para mitigar los riesgos que generan expectativas erradas o exageradas. ¿Un ejemplo concreto? El reto de explicar qué es un “periodo de gracia” a cientos de miles de deudores que se han acogido a esta facilidad, sobre todo cuando lleguemos a la conclusión de la prórroga.

Más universal

A raíz de la necesidad de universalizar programas sociales como #QuédateEnCasa y el #FASE, hemos visto que cada dominicano debe tener una cuenta bancaria desde la cual podrá interactuar digitalmente, no solo con el Estado, sino con todo el mercado. La “ciudadanía financiera”, a partir de esta pandemia, ya vemos que es tan importante y necesaria como lo es la cédula de identidad.

Más humana

Así como las autoridades tendrán que ser flexibles con las entidades, así ellas lo tendrán que ser con sus clientes. Todos estamos en el mismo bote, y la tormenta ahora es cuando está comenzando. Será necesaria mucho mejor comunicación, y mayor comprensión, en la relación banca-deudor. De nada servirá atropellar o humillar a quien, aun queriendo, no puede honrar sus compromisos.

Todos tendremos que ceder. Ojalá que, de ese obligatorio proceso de diálogo, salgamos todos, no solo la banca y sus clientes, sino toda la sociedad, reafirmando su humanidad y, ojalá, su solidaridad.

Sobre cómo la pandemia transformará la banca criolla
“Tenemos planes de contingencia para todos -creamos resiliencia para huracanes, fallas en centros de data, ciberataques y más. Aunque no habíamos contemplado los efectos de una pandemia como esta, tanta preparación sin lugar a dudas valió la pena.”
Jamie Dimon, Ejecutivo principal de JP Morgan Chase (Abril del 2020)

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