Adivinos de otra especie
Se supone que las encuestadoras calificadas trabajan cuidadosamente, utilizando probados procedimientos técnicos. Con márgenes de error definidos y dados a conocer, han demostrado sus aciertos en asuntos sociales, políticos y económicos. Sus resultados son más representativos del universo relevante que los que se podría obtener con datos más limitados. Y la confianza en sus pronósticos aumenta si varias de ellas presentan hallazgos similares.
Pero si es así, ¿por qué ha sucedido que en estos días previos a la votación sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, mientras las encuestas muestran una ventaja de los partidarios de salir de hasta diez puntos porcentuales por encima de los que favorecen quedarse dentro, los mercados de apuestas dan a la salida una probabilidad inferior al 40%? ¿Saben los apostadores algo que las encuestadoras ignoran?
Esa diferencia de porcentajes se debe a la naturaleza de ambas estimaciones. Las encuestadoras basan sus resultados en los datos recabados por medio de sus muestras. Salvo casos especiales, aceptan las respuestas recibidas y construyen sus predicciones sobre ellas, revelando tendencias pero sin especular acerca de eventuales variaciones.
Los apostadores son una especie diferente de adivinos. Asumen un riesgo a cambio de una posibilidad de ganancia, y toman en cuenta cualquier indicio o elemento de juicio que pueda servir a sus propósitos.
En el caso del Brexit, los apostadores ponderan la inclinación conservadora de los votantes indecisos. Motivados a declararse a favor del cambio por las cosas que les disgustan, en el momento de votar evitan las incertidumbres de lo desconocido y prefieren lo que es habitual y familiar. Es por esa razón que los principales partidarios de la permanencia se han empeñado en describir las calamidades que la salida provocaría, mucho más que dedicarse a exponer las bondades que la Unión Europea ofrece.
gvolmar@diariolibre.com
Gustavo Volmar
Gustavo Volmar