Alabanzas y críticas
Los dominicanos aprenden desde jóvenes a “buscársela” para solucionar sus problemas. Sin mucha ayuda estatal, y con familias sumidas en la pobreza, van desarrollando habilidades para conseguir dinero, en ocasiones de forma ilícita, pero la mayoría de las veces aprovechan contactos y desempeñan labores diversas.
El vasto sector informal de nuestra economía atestigua la existencia de esa destreza adquirida. Compuesto por una multitud de actividades de muy variada naturaleza, dicho sector constituye un puntal fundamental para el sustento de una gran parte de la población. Actúa de hecho como una opción a la que muchos recurren cuando pierden o no consiguen empleos formales, o como un medio para aumentar ingresos que por los bajos salarios resultan insuficientes. Existe, por lo tanto, una estrecha vinculación entre ambas porciones de la economía, y las personas se trasladan de una a otra en ambas direcciones según las circunstancias lo ameriten.
De acuerdo con algunas evaluaciones, el sector informal ha jugado un papel importante durante la pandemia. Menos visible y vigilado que las empresas formales, las actividades informales pudieron escapar más fácilmente de los cierres forzosos de operaciones, y acogieron a numerosos individuos cuyos empleos formales desaparecieron permanentemente. En ese sentido, el sector informal funcionó como un complemento de los programas sociales de los gobiernos, diseñados para subsidiar nóminas y otorgar ayuda a las familias más necesitadas. Pero esas alabanzas no son unánimes. También se afirma lo contrario, que el sector informal obstaculiza salir de la recesión provocada por la pandemia, siendo éste el punto de vista del Banco Mundial y muchos economistas. Se le atribuye magnificar las recesiones en lugar de moderarlas, y limitar el acopio de recursos fiscales para dinamizar las economías. Y más aun, por su menor respuesta a las medidas de control, se le acusa de haber contribuido a la propagación del virus.

Gustavo Volmar