Alerta temprana
Dos trimestres consecutivos de descenso del PIB se aceptan como prueba de que hay una recesión
No teniendo a su disposición algo que les permita anticipar con certeza las alzas y bajas del PIB, los economistas recurren a una amplia variedad de datos que se supone señalan la dirección en que la economía se está moviendo. Su trabajo se dificulta, sin embargo, porque suelen encontrar indicios contradictorios, y los que son relevantes para un país o un momento determinado, no son necesariamente los mismos que son significativos para otros países u otros períodos.
La consecuencia es que las recesiones tienden a ser confirmadas después de que ya están vigentes. Dos trimestres consecutivos de descenso del PIB se aceptan como prueba de que hay una recesión, pero ese dictamen es demasiado tardío como guía para tomar a tiempo medidas correctivas.
En el actual clima político en los EEUU, en el que el presidente ve la economía como su mejor credencial para ganar las elecciones del próximo año, las presiones ejercidas sobre la Fed, el banco central estadounidense, para que reduzca las tasas de interés y ponga más dinero a circular, motiva a ese organismo a buscar señales tempranas de que una recesión se avecina. De ese modo podrá tomar medidas de estímulo oportunas o, por el contrario, contar con argumentos para rechazar las presiones provenientes de la presidencia del país.
Una propuesta formulada por una de las economistas de la Fed, Claudia Sham, quien cuenta con un doctorado en economía de la Universidad de Michigan, utiliza la tasa de desempleo como alerta temprana. En base a un análisis econométrico de lo sucedido desde la década de los 1970, Sham propone que la economía está a punto de entrar en recesión cuando el promedio de la tasa de desempleo en los últimos tres meses está un 0.5% o más por encima de la tasa mínima del año anterior.
Es probable que a Trump no le guste ese índice. Su nivel actual es de apenas 0.07%, muy por debajo del 0.5 requerido para justificar las rondas adicionales de estímulo que el presidente quiere.

Gustavo Volmar