Ambiente provechoso
Uno tras otro, segmentos económicos se preparan para aprovechar las oportunidades derivadas de las normativas de protección ambiental
Conferencias van y vienen, pero el deterioro ambiental en el mundo sigue avanzando. Los propios delegados a las reuniones presenciales, contribuyen con sus viajes en avión a generar más contaminación. En esos encuentros se revisan los progresos logrados, y por lo regular se reconocen retrasos en la consecución de las metas previamente establecidas, sean éstas en cuanto a emisiones, inversiones o ayudas a países subdesarrollados. Y cada nuevo reporte de investigaciones científicas, presenta pronósticos aún más alarmantes que los publicados anteriormente.
Pero a pesar de esos fracasos, la lucha contra el cambio climático se perfila como una gigantesca fuente de ingresos para los involucrados. Se habla incluso de que como negocio para los participantes, será más importante y cuantioso que lo que ha sido la informática y la revolución digital en las telecomunicaciones. Uno tras otro, segmentos económicos se preparan para aprovechar las oportunidades derivadas de las normativas de protección ambiental. En áreas como el transporte y la generación de energía, ya se perciben los primeros efectos de las políticas gubernamentales, siendo apenas el comienzo de un trascendental proceso de reemplazo de equipos y materiales, desarrollo tecnológico, conversión de sistemas industriales, y transformación de instalaciones e infraestructura productiva. En otras áreas de la economía, como la construcción, la alimentación, la ganadería, la absorción de partículas contaminantes, el reciclaje de residuos, la extracción de minerales y la limpieza de mares y lagos, se vislumbran transformaciones estructurales que envolverán la asignación de enormes sumas de dinero.
Evidentemente, hacer de la conservación ambiental un negocio fabuloso facilita que los objetivos internacionalmente acordados puedan ser alcanzados. El problema es que luce que esos negocios se quedarán mayormente en las naciones desarrolladas, lo que acentúa la distancia que las separa de los países pobres.
Gustavo Volmar