Perfección ecológica
Turistas y nacionales dominicanos acuden a la zona de Samaná con la esperanza de ver una ballena. A veces lo consiguen, aunque esté muy distante, y a veces no. Es improbable, sin embargo, que los extranjeros vengan al país especialmente con ese propósito. Vienen a disfrutar de nuestras playas, y si de paso avistan una ballena, mejor todavía. Las ballenas de Samaná tienen competidores muy lejanos, en la remota Islandia cerca del círculo polar ártico. Husavik, antes una primitiva aldea de pescadores en la costa norte de ese país, se ha convertido en un centro para observar ballenas de hasta 23 diferentes especies, incluyendo la gigantesca ballena azul. Y muchos de los turistas viajan a Islandia con el objetivo específico de ver esas ballenas, pudiendo escoger entre cuatro compañías operadoras especializadas.
Pero donde Husavik le lleva una gran ventaja a Samaná es en la ecología. Las aguas termales de la región son utilizadas para generar el 75% de la electricidad consumida. Luego de pasar por la planta generadora, el agua es canalizada por debajo de las calles para evitar la formación de hielo, y dirigida a los radiadores en los hogares para calentarlos. Y es también mezclada con agua fría y almacenada en estanques tibios utilizados por la planta de procesamiento de pescado.
A comienzos del presente siglo el alcalde de Husavik quería que la ecología fuese más perfecta. Inspirado por un artículo que leyó acerca de caimanes en una granja de peces a 2,300 metros de altura en Colorado, EE.UU., tuvo la idea de importar caimanes desde los pantanos del sur de la Florida. Ellos serían colocados en los estanques para disponer de los desechos de pescado, los turistas podrían ver ballenas y caimanes en un mismo sitio, darían origen a una nueva oferta culinaria en los restaurantes del pueblo, y por el frío circundante no saldrían a aterrorizar ni a los visitantes ni a la población local. Los caimanes aún no han llegado.

Gustavo Volmar