Turno del BID
Cualquier elección puede provocar rivalidades. Las que se celebran para escoger a los gobernantes de un país son las más notorias, pero no son las únicas. También las provocan, entre otras, las de los integrantes de directivas de clubes, asociaciones profesionales, juntas de condominios, consejos de patronatos, comités asesores y paneles de jueces de concursos. Aun las posiciones en apariencia más insignificantes pueden despertar agudos afanes competitivos, no siendo pocos los lazos de amistad que se han debilitado por esa causa.
Los organismos internacionales tampoco escapan de esa realidad. Y un ejemplo de ello lo tenemos ahora con la elección el mes que viene del próximo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. Modificando la tradición de que esa posición sea desempeñada por un latinoamericano, el gobierno estadounidense ha propuesto la candidatura de Mauricio Claver-Carone, mostrando su deseo de tener mayor preponderancia en la dirección de ese organismo. Tal pretensión es rechazada por países como Argentina, Costa Rica, Chile y México, los cuales han optado por proponer que los comicios sean pospuestos debido a la pandemia.
Para ser electo, un candidato debe recibir el apoyo de la mayoría absoluta tanto del número como del poder de voto de los países miembros. De este último, los EE.UU. tienen el 30%, América Latina y el Caribe el 50%, Japón 5%, Canadá 4% y países europeos casi el 11%.
El BID no ha estado entre las prioridades del actual gobierno estadounidense, pero su candidato, quien posee amplia experiencia en el ámbito de inversiones para el desarrollo y en el fomento de la infraestructura regional, ha prometido movilizar el capital en estos tiempos de crisis y unir a la región bajo el liderazgo de los EE.UU.
Pero otra elección influye en la del BID. El ascenso de los demócratas en las encuestas para las elecciones estadounidenses de noviembre, ha hecho pensar si no sería mejor esperar para ver primero qué pasará allá.
Gustavo Volmar