Pacto olvidado
El mes pasado se cumplieron dos años desde que el pueblo de Leticia, en la jungla colombiana, sirvió de escenario para que siete jefes de estado, o sus representantes, rubricaran un documento de alegada trascendencia histórica, con la presencia de líderes indígenas como observadores. Todos los siete países presentes en la reunión tenían parte de su territorio ubicado en la cuenca amazónica, la más importante reserva biológica del planeta. Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam asumieron el compromiso de cooperar para que esa amplia zona vital para la ecología mundial fuese protegida y preservada. Dentro de los puntos acordados estuvo luchar contra la deforestación, intercambiar informaciones, colaborar en casos de desastres y fomentar la investigación científica y tecnológica. Y formularon un llamado para que organismos multilaterales, como el BID y otros, otorgaran financiamientos en apoyo de proyectos sostenibles conjuntos.
La reunión, celebrada poco antes de la pandemia, el día 6 de septiembre del 2019, fue una iniciativa de los presidentes de Colombia y Perú, en respuesta a incendios forestales que se extendieron por varias semanas. Con más de la mitad del área de bosques tropicales del mundo, y una quinta parte del volumen de agua dulce, el futuro de la Amazonia incidirá de forma determinante en el amenazante cambio climático actualmente en proceso. Era de esperar que el convenio sería más efectivo que el anterior Tratado de Cooperación Amazónica puesto en marcha en 1978.
Después de la firma, la deforestación ha continuado aumentando. Algunos gobiernos de la región han cambiado y los demás se encuentran inmersos en otros menesteres. La pandemia contribuyó, sin duda, a que las metas del acuerdo quedaran relegadas a un segundo plano, pero los intereses económicos asociados con la minería, ganadería y cultivos agrícolas ilegales, sumados al tráfico de drogas, fueron la causa fundamental del deterioro ocurrido desde entonces.

Gustavo Volmar