Atajando el contrincante
En unos comicios con grandes implicaciones para nuestro país, los estadounidenses votarán hoy para elegir a su presidente y vicepresidente por los próximos cuatro años, además de los miembros de la Cámara de Representantes y una parte de los integrantes del Senado. La mayor atención está puesta, como es lógico, sobre si el actual residente en la Casa Blanca continuará viviendo en ella o tendrá que empacar sus pertenencias.
El enorme colorido de la presidencia de Trump se refleja en estas elecciones, habiendo girado la campaña en torno a su personalidad y las decisiones que ha tomado. Sus asiduos seguidores lo respaldan sin que les importen errores, inconsistencias o imprecisiones. Comparten, en mayor o menor grado, objetivos como detener la inmigración, revitalizar la economía, defender el derecho a la vida, combatir las incursiones de grupos minoritarios, enfrentar la delincuencia, proteger la cultura nacional y limitar las políticas estatizantes. Y entienden, al parecer, que la reelección es imprescindible para que esos objetivos no sean sumariamente aplastados. Conocen las flaquezas del presidente, pero dada la importancia de su continuidad, están dispuestos a ignorarlas.
Su rival demócrata no despierta el entusiasmo que rodeaba a otros aspirantes de su partido a la candidatura presidencial, en especial entre los jóvenes y los hispanos, y no le ayudó su afán por distanciar sus posiciones de las de ellos. Sólo tres años más viejo que Trump, luce como si la diferencia de edad fuera mayor. No proyecta una imagen dinámica, mostró deficiencias en los debates, sus logros como vicepresidente fueron cuestionados, y fue vulnerable por causa de actividades económicas familiares. Muchos le apoyan sólo para salir de Trump.
Es así como una gran parte de quienes ya votaron por correo, y de quienes lo harán hoy, no se hace muchas ilusiones respecto de las virtudes de los candidatos. Su principal propósito al votar es impedir que el otro gane.

Gustavo Volmar