Atribución de culpa

Chile ha sido el país latinoamericano que más ha avanzado en el proceso de vacunación de su población, el cual comenzó en diciembre y ya más de doce millones de personas, de un total de 18 millones, han recibido al menos una dosis de la vacuna. Pero ese ritmo de avance, que supera al de la generalidad de las naciones desarrolladas, no ha sido acompañado por el esperado descenso en los contagios. En abril se rompió el récord diario de nuevos casos, mientras las unidades de cuidados intensivos eran abarrotadas de pacientes. Hasta la votación para una reforma constitucional tuvo que ser suspendida, y en algunas localidades se necesitan permisos oficiales hasta para poder salir de la casa.

Los chilenos andan buscando el motivo de esa alarmante contradicción.

Una posibilidad, mencionada por las autoridades sanitarias, es que la gente acogió con demasiado entusiasmo la llegada de las vacaciones veraniegas, que allá coinciden con lo que aquí denominamos como nuestro invierno. Se fueron de viaje, abrieron los restaurantes, organizaron encuentros y se inscribieron en excursiones y otras actividades recreativas. Pero hay quienes creen haber encontrado a otro responsable, atribuyendo la culpa a la ineficacia de la vacuna utilizada.

En el 93% de las inoculaciones se ha empleado la vacuna Sinovac, la misma que hemos estado aplicando nosotros aquí. Los reportes de bajas tasas de protección, detectadas incluso por expertos médicos universitarios chilenos, han provocado que surjan serios cuestionamientos respecto del programa de vacunación, y de lo que algunos críticos califican como triunfalismo gubernamental por el avance logrado en el porcentaje de vacunados. Y añaden que los inoculados con el producto de la Pfizer, que ha estado disponible en unos pocos centros de vacunación, han sido favorecidos con un mayor nivel de inmunidad. Muchos chilenos, no obstante, dicen estar conformes si el riego de internamiento y muerte se reduce significativamente.

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