Bandido rojo

Quizás Bolsonaro no pensaba que Alberto Fernández ganaría en Argentina

Los insultos, una vez lanzados al aire, pueden dejar huellas difíciles de borrar. Sucede aquí con nuestros líderes políticos, y ocurre también a nivel internacional. En el ámbito doméstico, los efectos pueden limitarse a rivalidades personales, a veces pasadas por alto por razones de conveniencia política, o para promover intereses comunes. Pero cuando tienen lugar entre líderes de naciones, las consecuencias pueden acarrear serias pérdidas económicas para las partes involucradas.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, calificó al candidato peronista a la presidencia de la Argentina como el “bandido rojo”. Quizás él no pensaba que Alberto Fernández ganaría las elecciones y se convertiría en presidente del vecino país, o quizás, dado su temperamento explosivo, sencillamente no le importaba lo que pudiera pasar. No parece lamentar, sin embargo, sus expresiones anteriores, pues el día siguiente a la victoria de Fernández declaró que los argentinos habían cometido un error al elegirlo y que no tenía intención alguna de felicitarlo por su triunfo.

Líderes como Bolsonaro, Trump, Maduro y varios otros no ven nada malo en dar rienda suelta a sus conceptos acerca de otras figuras públicas, locales y extranjeras. No ponderan adecuadamente las repercusiones que eso puede acarrear y los perjuicios que puede provocar, tanto para su propio país como para los demás. Por su condición de ser las dos mayores economías suramericanas, Brasil y Argentina son el eje sobre el que se sustenta Mercosur, el acuerdo de libre comercio de la región. La cooperación entre ambos fue facilitada por las coincidencias ideológicas entre Lula y Rousseff, de un lado, y los Kirchners del otro, y luego entre Bolsonaro y Macri. Ahora, en cambio, no existe afinidad entre los presidentes.

La suspensión de Venezuela y las tensiones políticas en Bolivia y Chile, estos últimos miembros asociados del convenio, de seguro complicarán aún más las cosas para el Mercosur.

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