Carrera antiviral
Discurría el año 1957 cuando sucedió lo inesperado. Adelantándose a todas las demás potencias, la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial del planeta. Aunque no era tan fácil para las personas verlo en su trayectoria por el cielo, sus señales de radio podían ser escuchadas por cualquier radioaficionado, lo que hacía que su presencia fuese muy tangible y real. Luego ocurrieron los lanzamientos y vuelos de la perrita Laika, del astronauta Gagarin y de los cohetes cada vez más poderosos, creando una gran conmoción y ansiedad en las naciones occidentales, provocada por la percepción de que los soviéticos habían logrado alcanzar una significativa ventaja científica y tecnológica, con sus obvias implicaciones militares. La carrera espacial había comenzado, sin que la economía estuviese entre sus principales motivaciones.
La pandemia ha desatado otra carrera internacional, pues el desarrollo de una vacuna efectiva otorgará prestigio a la nación que primero la consiga. El componente militar no existe en ente caso, y la ansiedad la causa la enfermedad, no su prevención. Y sí son poderosos los beneficios económicos de corto plazo involucrados. Pero a pesar de esas diferencias, se observa una evidente rivalidad entre países como los EE.UU., China, Rusia y el Reino Unido, cada uno de ellos exaltando el rigor científico de sus investigaciones y los atributos de sus potenciales resultados.
Sería lógico y racional que hubiese un acuerdo global para seleccionar la mejor vacuna y emplearla a nivel mundial, pero teniendo en cuenta esa rivalidad es probable que al final haya varias vacunas en uso. Y hasta podría suceder que en la selección que un país haga de una de ellas no influyan únicamente consideraciones acerca de su calidad, seguridad, disponibilidad, costo y posibilidad de fabricarla localmente, sino también factores estratégicos y políticos vinculados con la pertenencia de ese país a una determinada área de influencia.
Gustavo Volmar