Comunidad latina
Se presume que en los EE.UU. existe una comunidad latina, cuyos integrantes comparten intereses, tienen metas similares y enfrentan dificultades comunes. La realidad, no obstante, es distinta, pues se observan grandes diferencias de un segmento a otro.
Encuestas confirman que los inmigrantes se agrupan según el lugar de su procedencia, identificándose mayormente con otros del mismo origen. Los lazos con otros latinos tienden a ser inicialmente débiles, fortaleciéndose con el paso del tiempo, pero usualmente sin llegar a ser tan estrechos como con sus compatriotas, salvo que condiciones especiales, como vínculos matrimoniales o relaciones de trabajo, les acerquen a otros segmentos.
Esas diferencias, de acuerdo a conclusiones de analistas sociales, han contribuido a que la influencia de los latinos en los EE.UU. sea menor que la que podría haberles correspondido en función del porcentaje que constituyen dentro de la población. Los movimientos de defensa de sus derechos, y las luchas contra prácticas discriminatorias, tienen por lo regular un ámbito local, y raras veces generan reclamos de alcance nacional.
Un ejemplo de ello es lo sucedido este año electoral. A pesar de que la minoría de color representa un porcentaje significativamente menor del total de votantes, la agenda de propuestas del candidato demócrata a la presidencia, y su decisión respecto de la candidatura vicepresidencial, estuvieron guiadas por el objetivo de atraer el apoyo de dicha minoría, quedando la más extensa comunidad latina relegada a un distante segundo plano. Y se manifiesta también en la disparidad de preferencias electorales entre, por un lado, los cubanos, venezolanos y colombianos residentes en la Florida, y los mexicanos ubicados en el sudoeste del país.
Esa situación refleja las tradicionales divergencias entre las naciones latinoamericanas, que han obstaculizado los intentos de integración y debilitado el rol de la región en los asuntos mundiales.
Gustavo Volmar