Correos decisivos
No es lo mismo celebrar un seminario o impartir docencia de forma remota, que llevar a cabo un proceso electoral masivo de ese modo
Teniendo las boletas a la mano para contarlas, o medios electrónicos supuestamente seguros para registrarlos y transmitirlos directamente a los centros de cómputo, elecciones dominicanas han sido objeto de graves anomalías que han provocado serios enfrentamientos entre fuerzas políticas. Si esos incidentes ocurrieron a pesar de los mecanismos de seguridad establecidos, es innecesario preguntar qué hubiera sucedido si las boletas en blanco se hubieran enviado por correo a los votantes inscritos, para que éstos las devolvieran luego de marcar sus preferencias. No hace falta poseer dotes de adivino para saber que los resultados no hubieran sido creíbles ni aceptados por todas las partes. Sólo los ganadores habrían quedado conformes.
No es lo mismo celebrar un seminario, impartir docencia o exhibir mercancías de forma remota, que llevar a cabo un proceso electoral masivo de ese modo. En los pocos países que permiten el voto por correo, su número es por lo regular una fracción no decisiva del total. Pero cuando llega a ser determinante, las circunstancias en las que el sistema opera se convierten en una cuestión de vital importancia, sobre todo si ocurriera que los votos remitidos por correo hicieran cambiar el resultado preliminar calculado en base a los votos emitidos de forma presencial.
En esas circunstancias, surge la posibilidad de litigios que retrasen la proclamación de los ganadores, quizás durante meses, tal como el presidente de los EE.UU. indicó que podría acontecer en las elecciones del mes próximo en ese país. Expertos han anticipado que es probable que los resultados no se conozcan el mismo día de las elecciones, sino días después, pero si se demoraran por semanas o meses, la recuperación económica estadounidense podría ser muy afectada, reflejándose sobre la economía dominicana vía remesas, exportaciones y la incipiente reactivación del turismo.
Es de esperar que esa perspectiva no llegue a hacerse realidad.
Gustavo Volmar