De tanques a baterías

Tener el tanque lleno al emprender un viaje es una buena medida de precaución. Para recorridos cortos en lugares donde abundan las estaciones de combustible, no hay que preocuparse mucho. Pero cuando de largas distancias se trata, especialmente si nos adentraremos en zonas poco pobladas, saber que no nos quedaremos a mitad de camino por falta de gasolina, gasoil o gas, nos brinda tranquilidad. Siempre podrá ocurrir algún percance, digamos una goma pinchada o algún desperfecto mecánico, pero sabremos que no será por causa de que el combustible se nos haya agotado.

El traslado del transporte, desde la esfera de los combustibles fósiles a la esfera de la electricidad, depende de que podamos pasar desde los tanques a las baterías. Y para que eso suceda, la capacidad de almacenamiento de las baterías, en términos de la distancia que se puede recorrer con una carga completa, debe aproximarse o superar a la que los tanques permiten. Felizmente, la diferencia entre ambos se ha ido estrechando, y hace posible que los vehículos eléctricos se conviertan en una opción viable de uso masivo.

Igual que los chips de computadora o las redes de comunicaciones, las baterías representan uno de los principales escenarios donde se determinará la supremacía económica global. Los países o agrupaciones de países que asuman el liderazgo en la fabricación de baterías, disfrutarán de una ventaja competitiva que se extenderá a los productos que las utilicen, definiendo la estructura y distribución del comercio mundial. Y se convertirá en un factor clave para la seguridad de las naciones, incorporándose como uno de los sectores estratégicos que no deben depender de las importaciones.

Los EE.UU., Europa y China se apresuran para poder suplir la inmensa demanda de baterías que los vehículos eléctricos provocarán, sean éstas de iones de litio u otras modalidades en fase de experimentación, para lo cual levantan fábricas y consiguen acceso a yacimientos mineros.

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