Declaraciones sensatas
Dentro de ese mar de confusión, las declaraciones más sensatas provinieron del Ministerio de la Presidencia
En torno a la reforma fiscal han circulado toda suerte de rumores. Varias versiones de su presunto contenido fueron ampliamente difundidas y comentadas en periódicos, redes sociales y programas de radio y televisión. Algunas de las alegadas propuestas eran alarmantes, perjudiciales para la clase media y el crecimiento económico. Hubo quienes dijeron que eran globos de ensayo puestos a flotar por el gobierno para aquilatar las reacciones que provocaban, o con el fin de que propuestas posteriores, menos agresivas, fuesen aceptadas como una alternativa menos mala. Otros las atribuyeron a la oposición, supuestamente interesada en deteriorar la imagen de las autoridades y erosionar el apoyo que reciben.
Dentro de ese mar de confusión, las declaraciones más sensatas provinieron del Ministerio de la Presidencia, cuyo titular aseguró que no había nada definido acerca de una posible reforma fiscal, contradiciendo otras aseveraciones en cuanto a que ésta ya estaba madurada y lista para ser presentada próximamente.
La sensatez que atribuimos a esas declaraciones, sin embargo, obedecen mayormente a otro aspecto también tratado por el ministro, en relación con que el presupuesto del 2022 tiene ya sus soportes financieros, y en lo que concierne al desempeño fiscal logrado en el presente año. Al calificar de extraordinario ese desempeño, revelar que el déficit fiscal podría ser de apenas un 1% del PIB en lugar del 10% mencionado en algunos estimados, y enfatizar que el presupuesto del año que viene cuenta ya con fuentes de recursos para sustentarlo, el ministro despejó uno de los puntos más inquietantes en torno a la reforma. Esto así porque las peores reformas fiscales son las que se efectúan en situaciones de gran precariedad, impulsadas por la desesperación por recabar más fondos para cubrir los gastos públicos. En esas circunstancias, la racionalidad es desplazada por la necesidad, dando frutos nocivos para la equidad, la estabilidad y el desarrollo.
Gustavo Volmar