Deporte rey

La asistencia promedio a estadios durante la temporada 2018 en los EEUU declinó un 4%

El béisbol es un deporte de estrategia, en el que las jugadas se pueden anticipar y planear. Tiene un historial impresionante, que ya lleva más de un siglo. Sus “numeritos” estadísticos son más detallados qxue los que cualquier empresa o país podrían soñar tener. Premia a sus estrellas con fama y dinero. Provoca lealtades que pasan de una generación a otra. Despierta rivalidades intensas entre personas y comunidades. Ha sabido ampliar su alcance añadiendo nuevas franquicias, tanto aquí como en los EE.UU., donde se originó. Y ha creado reglas, como la de los comodines o “wild cards”, para que más equipos tengan hasta el último momento la esperanza de triunfar. No es en vano que a veces se le califique como el deporte rey.

Pero el rey parece estar en problemas.

La asistencia promedio a los estadios durante la temporada del 2018 en los EE.UU. declinó un 4% en relación con el año anterior, llegando a su menor cifra desde el 2003. A los equipos punteros les fue bien, pero no lo suficiente para compensar por los demás. Y dado que los ingresos dependen mucho de los derechos de transmisión, fue deprimente conocer que en varios partidos de las series de desempate y de campeonato la audiencia estuvo por debajo de la de otros espectáculos transmitidos al mismo tiempo, incluyendo la de algunos juegos regulares de fútbol.

Como no se puede achacar la culpa a que la economía vaya mal, se culpa a las lluvias de la primavera, suspensiones de encuentros, problemas de tránsito, especulación con las entradas y varias otras causas. La principal amenaza, sin embargo, es su lentitud. En un mundo acelerado, en el que todo es rápido e inmediato, los jóvenes no están tan interesados como sus padres y abuelos por partidos que duran horas y horas, en los que la acción es esporádica. No aprecian igual que en la mayor parte del tiempo sólo el lanzador, el bateador y el receptor estén activos. Y si los jóvenes pierden interés, el futuro puede ser sombrío.

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