Disputa por el reinicio
La economía está siendo suplantada por la educación. El reinicio de las clases presenciales en las escuelas ha llegado a ser más controversial que la reapertura de las actividades económicas. La educación es, por supuesto, una actividad económica, pero sus implicaciones le confieren una condición especial. Su incidencia sobre la vida familiar y sus consecuencias sicológicas provocan reacciones con un alto componente emocional. Los puntos de vista acerca de sus características y pormenores están firmemente arraigados en la población, dificultando el logro de un consenso acerca de cuándo y cómo permitir el retorno a las aulas.
La eficacia de la educación a distancia en comparación con las clases presenciales es un asunto que corresponde a los educadores debatir. Un aspecto colateral a tener en cuenta, no obstante, es su efecto sobre la continuidad de los estudios. Datos de varios países sugieren que la matrícula de estudiantes enrolados activamente ha disminuido en muchos distritos escolares, registrándose un aumento significativo en el número de deserciones.
Se ha verificado, también, en diversos sistemas educativos, una confrontación entre padres y profesores en relación con el retorno a las aulas. Los padres reclaman su reinicio mientras los gremios docentes lo consideran todavía prematuro. Esa divergencia de opiniones se da especialmente en la educación pública, que en la mayoría de las naciones es el segmento más importante, ya que es en este segmento donde las asociaciones de profesores son más poderosas. Y contiene un ingrediente económico, pues mientras el salario de los maestros en las escuelas privadas depende de la viabilidad económica de las empresas, en el área pública las remuneraciones están vinculadas con los presupuestos estatales, siendo más independientes de criterios empresariales.
Datos del CDC en los EE.UU. muestran que apenas el 3.7% de los contagios en comunidades específicas han sido atribuibles al regreso a las aulas.
Gustavo Volmar