Encuentros cercanos
Los encuentros cercanos con catástrofes de grandes dimensiones deben servirnos de advertencia
Aunque María nos golpeó con más fuerza que Irma, podemos decir que escapamos de las peores consecuencias. Factores meteorológicos nos protegieron del impacto directo de dos huracanes categoría 5, pero aun así tuvimos inundaciones, extensos apagones, pérdidas de viviendas, comunidades aisladas e interrupciones de actividades económicas. El efecto en el crecimiento del PIB no se ha determinado aún con precisión, pero no parece que será considerable.
Otra historia sería si nuestra suerte hubiera sido menos propicia. Las inversiones realizadas en infraestructura hubieran quedado afectadas. El turismo, la generación de electricidad y la estructura productiva en general habrían sufrido un grave retroceso. Se habría deteriorado la capacidad de repago de los préstamos. Habría aumentado la percepción del riesgo-país. El transporte se hubiera hecho aún más caótico. Fallarían los mecanismos de distribución. Crecería el desempleo, surgiría la especulación y disminuiría el índice de confianza en nuestro futuro.
Esos dos encuentros cercanos con catástrofes de grandes dimensiones deben servirnos, por lo tanto, de advertencia. Hay quienes consideran la intensidad de estos y otros huracanes de este año como una consecuencia del calentamiento global, pero las pruebas al respecto no son lo suficientemente concluyentes, lo que hace difícil demostrar que hay una tendencia hacia temporadas ciclónicas cada vez más activas. De hecho, otras investigaciones los enmarcan dentro de las variaciones normales que pueden darse en los asuntos climáticos.
Pero una pregunta interesante es qué puede hacer al respecto un país como el nuestro. Descartada la posibilidad, al menos en el futuro previsible, de mover la isla a una ubicación menos expuesta, y pasando por alto la alternativa de que todos emigremos, queda como opción un propósito nacional de invertir en reforzar estructuras e instalaciones a fin de mitigar los daños.
Gustavo Volmar
Gustavo Volmar