Experimentos naturales
Los experimentos naturales no son propiedad exclusiva de los economistas

Una gran parte de los avances médicos logrados proviene de experimentos controlados, los cuales han permitido a los investigadores identificar causas y efectos, cuantificar respuestas y segregar influencias externas. Igual ha sucedido en varias otras disciplinas científicas.
Los economistas siempre han lamentado no poder hacer experimentos como los que se llevan a cabo en los laboratorios. La pandemia puso de relieve esa desventaja, pues mientras las empresas farmacéuticas conducían experimentos para desarrollar una vacuna efectiva, los economistas tenían que conformarse con estimar los posibles perjuicios sobre la producción y el empleo, cambiando sus pronósticos a cada rato.
Pero desde antes de la pandemia, los economistas han recurrido a lo que se conoce como experimentos naturales. Son procesos que ocurren fuera del control de los investigadores, pero que al afectar a unos sujetos y a otros no, permiten inferir cuáles han sido las causas y los resultados. En ese sentido, pueden ser considerados como un tipo especial de observación, que se distingue de las demás porque hace posible vincular efectos con causas específicas.
El premio Nobel de economía de este año fue otorgado a tres investigadores por su contribución al uso de los experimentos naturales en el ámbito de la economía laboral, dos de sus conclusiones más interesantes son que la inmigración tiende a beneficiar a la población nativa de un país, pero puede perjudicar a inmigrantes llegados anteriormente, y que el salario mínimo no reduce necesariamente la demanda de trabajadores.
Los experimentos naturales no son propiedad exclusiva de los economistas. Otras ciencias los han utilizado con igual o mayor efectividad, un ejemplo clásico al respecto son las dos bombas nucleares lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki a mediados del siglo pasado, las cuales permitieron evaluar los efectos a corto, mediano y largo plazo de la radiación sobre los seres humanos.

Gustavo Volmar