Factores divergentes
Habiendo su predecesor durado apenas cinco días en el cargo, el nuevo presidente del Perú ha sido mejor recibido que él por las agencias calificadoras de deuda. Fitch, por ejemplo, considera que su designación brinda al país la calma política necesaria para continuar en la senda de la recuperación económica, a la vez que le recomienda concentrar su atención en el manejo de la crisis sanitaria, la consolidación del presupuesto y el envío de señales apropiadas a los mercados internacionales. Fitch espera una reforma tributaria en el 2021 o 2022.
Es evidente que iguales recomendaciones se están haciendo a numerosos países en vías de desarrollo, probablemente a la mayoría de ellos. Será interesante observar cómo coexistirán esas exhortaciones en favor de un comportamiento fiscal responsable, con la aparente laxitud con las que las naciones desarrolladas están enfocando sus propios déficits fiscales. En efecto, mientras se juzga las perspectivas económicas de países como el nuestro en función de la inclinación y voluntad de los gobiernos por sanear las finanzas públicas, en los círculos políticos y académicos del primer mundo se propala el criterio de que no existen límites al financiamiento deficitario de los gastos gubernamentales y, por ende, tampoco al monto del endeudamiento estatal.
Esa dicotomía, reflejada también en las políticas de expansión monetaria, implica la presencia de un doble estándar en lo que concierne a las estrategias de desarrollo, y supone que los factores que motivan las inversiones en el tercer mundo son radicalmente diferentes a los que las promueven en el mundo desarrollado. Para el primero, cuentan aspectos como la austeridad, el control de la inflación, la reforma de las pensiones y la capacidad de generación de divisas. Para el segundo, en cambio, se ponderan características como el subsidio a los ingresos familiares, las bajas tasas de interés, los índices de las acciones y la disposición a gastar de los consumidores.

Gustavo Volmar