Flanco débil
En Costa Rica, el candidato opositor favorece la devaluación de la moneda
Ninguno de los dos candidatos que se disputarán la presidencia de Costa Rica en la segunda vuelta electoral tiene la economía a su favor. A uno de ellos, el postulado por el partido de gobierno, le aqueja una situación dominada por un enorme déficit fiscal, que no ha hecho otra cosa que aumentar en los últimos años. Al otro, el de la oposición, le perjudica su evidente carencia de un plan económico coherente, cónsono con las posibilidades efectivas del país. Ambos, por lo tanto, han intentado recabar el apoyo de segmentos empresariales, y han tratado de rodearse de profesionales que les suplan la capacidad técnica necesaria para enfrentar y resolver los problemas actuales.
Desde el ángulo del sector empresarial, los candidatos predilectos se quedaron en la primera vuelta sin llegar a la segunda. Eso le ha obligado a escoger entre las dos opciones remanentes, poniendo atención sobre cómo minimizar las que perciben como sus deficiencias. Cada bando ha venido anunciando los apoyos que ha estado obteniendo, primero los políticos, como es lógico, pero más fundamentalmente los económicos, de índole corporativa o profesional. Los anuncios asemejan aquellos en que los expertos en mercadeo difunden críticas favorables a películas, o testimonios en torno a las propiedades rejuvenecedoras de cremas faciales.
Entre los apoyos recibidos por el candidato opositor destaca el de una importante figura empresarial, otrora proclive a uno de los partidos que no pasó a la segunda vuelta. Su respaldo adquiere una connotación especial pues es partidario de efectuar una devaluación de la moneda para fomentar las exportaciones. En su razonamiento bucólico, la dinamización económica que esa medida provocaría haría crecer el empleo y los ingresos, incluidas las recaudaciones de impuestos, y reduciría de ese modo el déficit fiscal. No parece preocuparle lo que suceda con la inflación, la desigualdad y el poder adquisitivo de las familias.
Gustavo Volmar
Gustavo Volmar