Frustración regional

Los países latinoamericanos son propensos a crear ilusiones falsas. Una y otra vez despiertan entusiasmo como la región más prometedora del planeta, para luego frustrar las esperanzas puestas en la brillantez de su futuro. Según el FMI, eso puede haber sucedido ahora de nuevo.

Las cifras del Fondo revelan que las economías de América Latina y el Caribe exhibieron una notable recuperación después del devastador segundo trimestre del año pasado. En ese momento los datos sugerían que la región podría terminar siendo menos perjudicada por la pandemia que otras zonas del mundo. Las exportaciones de bienes retornaron a niveles compatibles con los del 2019, y las manufacturas mostraron una admirable resistencia a los efectos de la crisis. Sólo los servicios y los proyectos de inversión quedaron significativamente rezagados. Todo parecía indicar que la recuperación continuaría en el cuarto trimestre del 2020, robustecida por los estímulos fiscales y la abundancia de recursos financieros disponibles en el mercado internacional.

La frustración no tardó mucho en llegar. El recrudecimiento de la pandemia y los cierres de actividades, la más lenta recuperación económica en las naciones desarrolladas y la prolongación de los desequilibrios fiscales, minaron el optimismo anterior, reflejándose en un menor crecimiento del empleo y la posibilidad de una menor disponibilidad de recursos crediticios internacionales.

El resultado es un pronóstico más sombrío para la región, anticipándose ahora que en conjunto tardará hasta el 2023 para volver a los niveles del PIB del 2019, y le tomará hasta el 2025 para alcanzar el PIB por persona que en promedio tenía antes de la pandemia. Más aun, se estima que las demás zonas del mundo la superarán en su ritmo de recuperación, y se anticipa un deterioro en sus condiciones sociales derivado del desempleo, cuya incidencia en la región se concentra en las mujeres, los jóvenes, los menos educados y los trabajadores informales.

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