Ganancias exageradas
Los productos exitosos tienen, por lo tanto, que absorber los costos de los fracasados
Se oye decir que en la situación de crisis creada por la pandemia, todos los negocios pierden excepto los colmados, supermercados, farmacias, laboratorios, clínicas y distribuidores de medicinas y alimentos. De particular notoriedad son los fabricantes de medicamentos, que a escala mundial se han sumado a la carrera por desarrollar tratamientos y vacunas. Se supone que a los que tengan éxito les espera una enorme recompensa.
Pero según las empresas farmacéuticas, esa aparente bonanza que les aguarda en el futuro es más ficción que realidad. Ponen de relieve los elevados costos de investigación y experimentación en los que incurren antes de que un medicamento pueda salir al mercado. Por cada producto que alcanza esa etapa, quince o más son descartados a lo largo del proceso. Unos son inefectivos y otros provocan efectos secundarios que exceden sus efectos benéficos. También pueden ser aventajados por otras empresas, cuyos productos llegan al mercado antes que los de ellos, constituyéndose en los medicamentos de elección por parte de los profesionales de la salud. Los productos exitosos tienen, por lo tanto, que absorber los costos de los fracasados, y generar ingresos que resarzan a la compañía por todos ellos.
Y hay otro peligro menos conocido públicamente. Sucede que en algunos casos el producto llega tarde al mercado, no porque los competidores hayan llegado primero, sino porque la dimensión y expansión de la enfermedad terminan siendo menores que lo que se había anticipado. Que ocurra de ese modo es una magnífica noticia para la población, pero no así para las finanzas de las empresas que han invertido en desarrollar un producto que luego no se vende. Un ejemplo de ello lo dio el brote infeccioso del zika. Su difusión y permanencia reales fueron menos calamitosos que los pronosticados inicialmente, y algunas compañías farmacéuticas tuvieron que detener la salida al mercado de varios medicamentos que habían estado desarrollando.

Gustavo Volmar