Isla sin barcos

Apertura de una escuela para marineros mercantes puede ser un buen paso

De la marina mercante dominicana sólo quedan vagos recuerdos. Idos están los tiempos en que una flota de buques con nuestra bandera transportaba carga hacia y desde los puertos del país. Corrió igual suerte que las empresas de Corde, la Compañía Dominicana de Aviación y el conjunto azucarero estatal. Leyes para reactivarla no han faltado, desde tan atrás como la número 180, de mayo del 1975. Ni han faltado voces de sectores e individuos deplorando su ausencia. No han sido, sin embargo, suficientes.

A primera vista, tener una flota nacional de carga parecería ser natural y lógico. Por estar ubicados en una isla, el mar no está lejos de ningún punto del territorio nacional, y dependemos del transporte marítimo para la mayor parte de nuestro comercio exterior. Y a ese hecho se añade nuestra situación geográfica en el Caribe central, lo que se considera como una ventaja estratégica a favor del país.

Además de esas características físicas que poseemos, están las cifras de lo que pagamos en divisas a empresas extranjeras por el servicio, al tenor de unos dos mil millones de dólares. Se intuye que un filón de esa magnitud debería ser interesante para que empresarios dominicanos lo exploten. A todo eso se añade el comercio que ya sostenemos con islas en nuestro entorno, que podría servir de base para las actividades iniciales de una flota nacional. Y hay quienes han sugerido también que el país se constituya en una de las llamadas banderas de conveniencia, al estilo de Panamá, Liberia y Honduras, dentro de las reglamentaciones establecidas por la Organización Marítima Internacional, una agencia de las Naciones Unidas.

Aunque su objetivo principal no es fomentar una flota nacional, sino calificar y certificar personas para que puedan laborar a nivel internacional, la apertura este año de una escuela para marineros mercantes, auspiciada por la Armada Dominicana, puede ser un buen paso en esa dirección.

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