De todas las aerolíneas latinoamericanas, Avianca es la que ha ofrecido sus servicios a los dominicanos por más largo tiempo. De hecho, es la segunda empresa de aviación comercial con mayor antigüedad en el mundo, después de KLM, habiendo sido fundada en diciembre del 1919 por iniciativa de alemanes y colombianos. Su nombre, SCADIA, significaba Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos, el cual fue cambiado en 1940 al de Aerovías Nacionales de Colombia.

A fines del 2019, la compañía celebró su centenario y en enero del 2020 anunció que duplicaría, de uno a dos, el número de sus vuelos diarios a Santo Domingo. Y entonces llegó el desastre, en forma de un minúsculo virus.

El cierre de los aeropuertos fue un golpe devastador para Avianca. Lo fue también, como es obvio, para otras líneas aéreas a nivel mundial, pero no todas eran igualmente vulnerables a una situación de emergencia. Como suele suceder en esos casos, las compañías más endeudadas, con mayores compromisos de pago a corto plazo, son las menos capaces de resistir el golpe. En efecto, al cerrar el 2019, Avianca debía la impresionante suma de 7,300 millones de dólares.

La suspensión de operaciones internacionales por causa del virus provocó que las disponibilidades de efectivo de la empresa se agotaran, dejándola incapaz hasta de pagar los salarios de su personal. Dado el origen de parte de sus deudas, Avianca se declaró en bancarrota ante una corte de Nueva York el 10 de marzo del año pasado. Seis meses duró sin volar a destinos fuera de Colombia, reanudando sus itinerarios de forma gradual sólo a partir de finales de septiembre, incluyendo los que tocan el territorio dominicano.

Las oleadas posteriores de contagios y el restablecimiento de los cierres en algunos países no ayudaron a la recuperación de Avianca, la cual reportó pérdidas de 1,094 millones de dólares en el 2020. Esperamos que el 2021 demuestre ser diferente, y que la empresa pueda superar sus dificultades.

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