?Mal menor
Decía un peruano muy conocedor de los pormenores de las lides políticas en su país, que sus compatriotas votan desde hace años para impedir que uno de los candidatos llegue al poder, y no tanto con el propósito de que el otro gane. Es un tipo de voto de rechazo, ejemplos del cual encontramos también aquí y en otras naciones latinoamericanas. Esa realidad es evidente para los contendientes, razón por la que algunos consideran que para incrementar sus posibilidades de triunfo, les resulta ser más productivo resaltar los peligros de que su adversario obtenga la victoria, que destacar su propio pliego de propuestas.
En Perú, afectado por una inestabilidad política reflejada en sucesivos gobiernos que han colapsado, la productividad de atacar al contrincante ha sido bien aprovechada por Keiko Fujimori, la candidata ubicada a la derecha en el ámbito político. Mientras su oponente, el izquierdista Pedro Castillo, se empeñaba en establecer su propia identidad separada de la del líder de la agrupación que lo postuló, Fujimori se dedicó a atraer indecisos presentándose ante ellos como un mal menor que su rival.
Los votos de rechazo disminuyen la eficacia de los sistemas democráticos para generar gobiernos genuinamente populares. Reducen, además, la estabilidad socioeconómica. Esto así pues durante los comicios el objetivo de los votantes es cerrar el paso al candidato rechazado, pero una vez concluido el proceso pasa al primer plano el descontento con las actuaciones del ganador, lo que provoca que el gobernante sea atacado por quienes votaron en su contra, sin tener tampoco el respaldo sólido de los que le concedieron su voto. Y tiene como otra consecuencia que el triunfo de un candidato no indique necesariamente que cuenta con un apoyo popular real para poner en marcha sus propuestas electorales.
El próximo domingo 6 de junio será celebrada la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, con una clara disyuntiva entre las dos posiciones extremas.
Gustavo Volmar