Metas de salud
Aparte de la pérdida del empleo y las rupturas conyugales, pocas cosas pueden ser tan devastadoras para las familias como la enfermedad de uno de sus integrantes. Aunque tenga los recursos para cubrir el tratamiento, el drenaje emocional que el episodio provoca puede desestabilizar y poner en situación de crisis a los afectados y a quienes los rodean.
El problema de la salud es su incertidumbre. Las familias pueden planear la compra de una vivienda, la educación de los hijos o la inversión de sus ahorros, pero garantizar que sus miembros permanezcan saludables es mucho más difícil.
Pueden tomar medidas preventivas, en asuntos como alimentación, chequeos médicos o ejercicios regulares, pero siempre habrá un margen por el cual se cuelan los accidentes, los virus, las bacterias y las vulnerabilidades congénitas. Aún no se dispone de las manipulaciones genéticas o de nuevos órganos surgidos de células embrionarias para poder eliminar esas contingencias.
En el centro del caso de Claudio Caamaño está precisamente la incidencia de los imponderables. Habiendo superado una delicada intervención quirúrgica, no pudo evitar o prever que un evento fortuito afectaría su salud, colocándole a merced de circunstancias sobre las que él y su familia no ejercían ninguna influencia. Su destino escapó del ámbito de las decisiones personales para caer en el engranaje del sistema.
Si un colegio privado rechaza a un aspirante a ingresar en él, los padres lo lamentarán y lo inscribirán en otro lugar. Pero con la salud no sucede igual. Cada quien desea lo mejor para los suyos y no acepta que no se le asista con prontitud y calidad. Los errores son inadmisibles y la posibilidad de que se hayan cometido puede dar pie a reacciones violentas.
La economía milita contra las emergencias. Desde fuera pueden lucir como un tremendo negocio, pero los centros médicos las ven como un servicio de rentabilidad imprevisible, difícil de controlar.
gvolmar@diariolibre.com
Gustavo Volmar
Gustavo Volmar