Motivos para no actuar

A todos nos ha sucedido en algún momento que si después de comer algo nos sentimos mal, atribuimos ese malestar a lo que comimos. Puede ser que realmente se haya debido a eso, pero también puede ser que haya sido causado por otra cosa.
La Fed, el banco central de los EE.UU., parece estar atrapado en una situación similar. Si sube la tasa de interés es probable que cualquier deterioro económico posterior sea achacado a ese aumento, aunque sus causas puedan ser otras. Como no tiene seguridad alguna acerca de lo que sucedería después de un alza en la tasa, la Fed ha optado una y otra vez por dejarla sin cambio, siendo la última ocasión el jueves pasado.
La decisión muestra el poder de las expectativas. Si la percepción generalizada hubiese sido que la Fed subiría las tasas, los mercados y los sectores económicos habrían anticipado los efectos del alza, y la hubieran incorporado en los precios de los bonos y acciones, en sus decisiones de inversión y en los movimientos en el valor del dólar. Pero como es bien conocida la aversión de la Fed a que se le culpe por lesionar a la economía, las expectativas eran de que dejaría la tasa como está, prácticamente en cero. Si en esas condiciones la hubiera subido, las reacciones ante esa decisión inesperada hubieran tenido consecuencias claramente atribuibles a la Fed. Decidió, por lo tanto, dejarla igual.
Cuando bajó la tasa, la Fed enfrentaba una recesión, un elevado desempleo, el colapso de los índices bursátiles y la quiebra de varias instituciones financieras. Ya la economía está creciendo a más del 2%, el desempleo bajó al 5.1%, el precio de las acciones ha roto sus máximos anteriores y los bancos están mucho mejor capitalizados. Pero ahora la Fed teme que el dólar se aprecie demasiado, que la economía china siga debilitándose y que la inflación esté por debajo de la meta establecida.
Al indeciso nunca le faltan motivos para no actuar.
gvolmar@diariolibre.com
Gustavo Volmar
Gustavo Volmar