Oscuridad técnica
Cuanto mayor es la edad de la persona, mayor es el grado de oscuridad.
Los conocimientos técnicos de la generalidad de los usuarios de internet se limitan al manejo de los dispositivos que utilizan para conectarse a la red. Saben bajar aplicaciones, enviar y recibir mensajes, visitar páginas, consultar documentos, hacer compras y pagos, intercambiar fotos y realizar transacciones diversas. Lo que está detrás de todo eso permanece cubierto por un velo de oscuridad, iluminado sólo por nociones acerca de antenas, cables, servidores, satélites y sistemas operativos. Y cuanto mayor es la edad de la persona, mayor es el grado de oscuridad.
Para la mayoría ese nivel de conocimiento es suficiente. Ya les basta con los afanes del diario vivir, sin tener que añadir complicaciones tecnológicas. De vez en cuando, sin embargo, son afectados por caídas y limitaciones en los servicios, que les recuerdan su exposición a desperfectos cuyas causas desconocen.
Los más dramáticos entre esos inconvenientes son los provocados por maleantes cibernéticos interesados en infligir daños, deshabilitar funciones, ganar dinero o espiar a países y empresas rivales. Pero aunque ésos son los más notorios, la mayor parte de los incidentes obedece a motivos más mundanos, relacionados con errores humanos, accidentes y fallos de equipos. En ocasiones, no obstante, episodios no intencionales pueden ser muy impactantes, como ocurrió este mes al dejar de operar por varias horas Facebook, Instagram y otras plataformas.
Los gobiernos están preocupados por la posibilidad de ataques cibernéticos. Reuniones, protocolos, procedimientos, seminarios, simulaciones, programas y todo un conjunto de mecanismos de protección son parte de los esfuerzos para incrementar la seguridad, habiéndose generado un vasto y lucrativo negocio a su alrededor. Pero extrañamente, las instalaciones de los propios proveedores de los servicios, y su vulnerabilidad a eventos técnicos fortuitos, suelen ser menos evaluadas, inspeccionadas y vigiladas por las autoridades.

Gustavo Volmar