Poderoso adversario
La elección de Bolsonaro abrió las puertas a una amenaza aún más grave
Los defensores del medio ambiente tienen ahora un nuevo y poderoso adversario con el que hasta hace poco no contaban. Ya venían enfrentando las consecuencias de la negativa del presidente de los EE.UU. respecto de la realidad del cambio climático, entre ellas el retiro de ese país del acuerdo internacional para combatir la contaminación atmosférica, la luz verde otorgada a la generación de electricidad en base al carbón, y el recorte de los recursos asignados a la agencia estadounidense de protección ambiental. Lucía que nada peor podía suceder.
Estaban equivocados. La elección del nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, abrió las puertas a una amenaza aún más grave, dada su intención de reducir las limitaciones establecidas respecto de la explotación de la zona del río Amazonas. Trump puede retrasar el avance de la conciencia ambientalista en los EE.UU., pero Bolsonaro tiene a su alcance la posibilidad de quebrar el equilibrio ecológico de una de las áreas más críticas para la sostenibilidad ambiental del planeta. Propone, con el apoyo de los grandes terratenientes, autorizar incrementos en la extracción de minerales, maderas y otros recursos de la región, disminuir los derechos de las poblaciones indígenas asentadas desde tiempo inmemorial en la zona, permitir el uso de pesticidas y otros compuestos químicos, y facilitar inversiones en carreteras y demás tipos de infraestructura.
Y, a diferencia de Trump, a Bolsonaro le es más fácil poner en ejecución sus políticas. No enfrenta las cortapisas de una estructura institucional ambientalista sólida, ni la fortaleza de iniciativas judiciales dirigidas a detener sus medidas, y tiene el respaldo de un Congreso en el cual predominan figuras que le son afines.
Una eventual aceleración en el ritmo de degradación de la cuenca del Amazonas, fuente vital de oxígeno, captura de CO2 y hábitat de incontables especies, sería un golpe devastador para todas las naciones.

Gustavo Volmar