Radiografía pandémica

Desde hace mucho tiempo un nuevo año no había sido tan esperado. El anhelo de que llegara se debió, evidentemente, al deseo de dejar atrás el 2020. Se sabe que la situación no cambiará súbitamente de un día para otro, transformándose sólo porque el calendario diga que entramos en el 2021. Pero existe la confianza de que a lo largo del nuevo año las cosas mejorarán gradualmente, de la mano de las vacunas, el arribo de los turistas, el levantamiento de los toques de queda y las recontrataciones de trabajadores.

Si bien es cierto que el cumplimiento de esas expectativas depende mucho de lo que suceda en otras naciones, nuestra diligencia y voluntad para acometer reformas jugará un papel fundamental. Siendo así que la pandemia actuó como una máquina de rayos x, o como un más sofisticado equipo de resonancia magnética, nuestras debilidades socioeconómicas quedaron expuestas por sus consecuencias. Y también fueron puestas de relieve nuestras fortalezas.

En la esfera económica, nuestra tradicional vulnerabilidad respecto de los ingresos de dólares no dudó en manifestarse. Las medidas de estímulo y el descenso del turismo dejaron como secuela una tasa de depreciación del peso que duplicó el nivel de los años precedentes, y eso a pesar del bajo precio del petróleo, la colocación de deuda pública en el mercado financiero internacional y la disminución en el monto de otros renglones importados. Afortunadamente, luego de un período de inquietud en que activos fueron dolarizados y pasivos convertidos a pesos, se mantuvo la percepción de continuidad de la estabilidad macroeconómica.

Reconforta que el gobierno comparta el criterio de que la expansión de la capacidad de exportación es esencial para que la recuperación del crecimiento económico sea sostenible, y que éste a su vez es vital para alcanzar metas en aspectos como la generación de nuevos empleos, la diversificación de la base productiva y la reducción progresiva del déficit fiscal.

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