Recorrido inverso

A pesar de que algunos conductores de vehículos afirman que manejan igual de fácil hacia adelante o en reversa, para la inmensa mayoría de nosotros es más cómodo avanzar hacia adelante, aunque dispongamos de cámaras y sensores que nos ayuden a retroceder. Los propios vehículos, de hecho, están diseñados pensando en que la reversa es sólo ocasional, y que lo normal es que nos desplacemos en la dirección opuesta.

Las negociaciones entre países sobre asuntos comerciales están por lo regular orientadas a facilitar el intercambio de bienes y servicios. Con ese propósito procuran pactar reducciones de tarifas arancelarias, ampliar las rutas de transporte, abrir puertos y aeropuertos al tráfico de mercancías, reducir trámites burocráticos, remover restricciones sanitarias, aceptar certificaciones recíprocas y ampliar el acceso a garantías y financiamientos.

Las negociaciones comerciales llevadas a cabo por la salida del Reino Unido de la Unión Europea invirtieron ese proceso. Formalmente procuraron que el comercio entre ambos fuese lo más libre posible después de la salida, pero en la práctica implicaron partir de una posición de apertura total y aplicar limitaciones, aun cuando se tratase de evitar los tipos más lesivos de restricciones. Los promotores del Brexit en el Reino Unido aseguraban que se podía conseguir que la libertad de comercio y el papel de las instituciones financieras británicas se mantuvieran inalterados. Poco tiempo después del referéndum se hizo evidente que no sería así. Particularmente difícil fue aceptar que para preservar el libre tránsito entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda había que establecer barreras entre la primera y el resto del Reino Unido, lo que crea una situación inusual en la que una parte de su territorio queda más vinculada con el extranjero que con el propio país.

Y los británicos ya no contarán con que el presidente de los EE.UU. auspicie que rompan sus lazos con la Unión Europea.

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