Resultó ganadora
Durante años los economistas han explorado, y debatido en ocasiones con vehemencia inusitada, las ventajas y desventajas de la política fiscal y la política monetaria. Se han discutido cosas como su papel en la economía, los instrumentos y mecanismos con los que cuentan, la velocidad con la que hacen sentir sus efectos, los obstáculos a su aplicación y las señales que guían las decisiones al respecto. Como usualmente sucede en estos asuntos, se suele decir que ambas son vitales y que deben ser coordinadas armónicamente, pero la realidad es que los conflictos entre las dos siguen siendo comunes a nivel mundial, lo que lleva a comparar la corrección y eficacia de su desempeño.
En un seminario virtual celebrado recientemente en Boston, se debatió el tema y la política monetaria salió triunfante. La mayoría de los participantes concluyó que en lo que va del presente siglo se ha acentuado el rol de las políticas monetarias. No sólo han tenido que compensar los desajustes que las políticas fiscales y financieras han provocado, sino que, además de controlar la inflación, se han involucrado en la lucha contra el desempleo y la promoción del crecimiento de la producción de bienes y servicios. Fue notable la percepción de que su predominio se refleja en la importancia relativa de los organismos e instituciones locales e internacionales, siendo muy visible la posición que hoy ocupan los bancos centrales y el FMI. Las opiniones contrarias a esa conclusión no persuadieron a la mayoría monetarista, a pesar del argumento de que muchos de los desequilibrios ocurridos tuvieron su origen en políticas monetarias erradas.
En nuestro medio ha sido evidente el papel jugado por el Banco Central en el mantenimiento de la estabilidad y la creación de condiciones propicias a la inversión. Al ser posible elaborar programas, planes y estrategias, las empresas pueden desarrollar sus operaciones y nuevos proyectos con márgenes apropiados de confiabilidad.

Gustavo Volmar