Sobre el cinco
La industria dominicana lleva años perdiendo terreno frente a otros sectores de la economía
Aunque era una tasa sumamente respetable, cuando cerca de finalizar el 2019 se proyectó en 4.9% el crecimiento de la economía dominicana para ese año, hubo señales de desaliento. La razón fue que iba a quedar por debajo del 5%, nivel que se había esperado superar. Finalmente, según los datos preliminares presentados la semana pasada por el Banco Central, sí se pudo cumplir el vaticinio original de llegar y exceder el cinco.
Los comerciantes conocen bien que la primera cifra de un número es la más visible, y por eso tratan de poner sus precios para que estén cerca, pero por debajo, del número inmediatamente superior. Ponen, por ejemplo, RD$395 y no RD$405. De igual forma, pero en sentido contrario, 5.1% es percibido como mucho mejor que 4.9%, y la diferencia de dos décimas porcentuales entre esas dos cifras tiene un mayor impacto psicológico que el que tiene, digamos, entre 4.7% y 4.9%, o entre 5.1% y 5.3%.
Es importante tener en cuenta que ese nivel fue alcanzado a pesar de las vicisitudes por las que atravesó el turismo. Aprovechados por medios sensacionalistas y por destinos rivales, algunos incidentes dieron paso a una campaña publicitaria en contra del país, ante la cual nuestra reacción fue inicialmente tímida y poco efectiva.
Pero dejando el porcentaje total y sus implicaciones subjetivas, si observamos la composición de los sectores más dinámicos, la industria parece continuar rezagada. Nos referimos esencialmente a las manufacturas, las cuales tradicionalmente deben ocupar un espacio primordial entre todas las ramas industriales.
La industria dominicana lleva años perdiendo terreno frente a otros sectores de nuestra economía, y también frente a competidores extranjeros. Industrias antes radicadas aquí han trasladado sus instalaciones a otros países, y no hemos podido conquistar mercados a pesar del acceso a ellos que tenemos en función de las disposiciones del acuerdo comercial con los Estados Unidos y Centroamérica.
Gustavo Volmar