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Sombras informales

Los que contribuyen aspiran a que otros se les unan, pero esos otros no lucen estar dispuestos a complacerlos. Una de las quejas que las empresas dominicanas más reiteran es que el sector informal no paga los impuestos que ellas pagan. Aparte de la desigualdad que esa situación genera, se crea una ventaja de costos para los informales, los cuales compiten en muchos casos con los negocios formales. Querrían, por lo tanto, que la base tributaria se ampliase y que la informalidad fuese reducida.

La dificultad radica en que la informalidad no es sólo un asunto tributario. Es un rasgo de economías donde la actividad productiva discurre por canales ajenos a gran parte del entramado institucional vigente. Una red de soportes paralelos sostiene esa economía informal, a la que se atribuye representar más de la mitad de los empleos en el país.

La estrategia para disminuir la informalidad ha consistido en crear motivos para que los negocios informales decidan formalizarse. Conceptualmente es una estrategia correcta, pues persigue que los beneficios derivados de esa decisión superen a los costos asociados con ella. Entre esos beneficios el financiamiento ha sido el puntal más visible, pero otros como las garantías recíprocas pueden jugar un papel muy importante.

Lamentablemente, los costos son muy elevados. Un sistema tributario complejo, múltiples trámites, cantidad de reportes, requisitos contables, la seguridad social y varios otros aspectos elevan el nivel de beneficios requerido para que la formalidad sea preferida. Y las cifras parecen confirmarlo, pues según datos del CONEP, el sector informal sigue creciendo más rápido que el formal.

La informalidad es reforzada también por el entorno en que se desenvuelve. En un medio como el nuestro, donde no pagar la electricidad se considera un derecho, y el pagarla una estupidez, no es extraño que las sombras de la informalidad sean más atractivas.

gvolmar@diariolibre.com

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