Uno contra todos

Los déficits comerciales externos, en particular, le han servido para iniciar ofensivas económicas en contra de otros países

Aunque la economía estadounidense deje de ser la mayor del planeta, cediendo esa posición a los chinos, continuará siendo la que más influye sobre el resto de las economías del mundo. Esto así pues el tamaño del PIB es sólo una de las características que apuntalan dicha influencia. El papel desempeñado por su moneda en las transacciones internacionales, su PIB por persona, la independencia de su poder judicial, sus investigaciones científicas, sus avances tecnológicos, su infraestructura, sus recursos naturales, su sistema financiero y sus déficits comerciales, entre otros rasgos, le otorgan un rol privilegiado en cuanto a los determinantes de la actividad económica mundial.

Los déficits comerciales externos, en particular, le han servido para iniciar ofensivas económicas en contra de otros países con el fin de extraer de ellos concesiones de diversa índole, incluidos asuntos de carácter político. Al estar el comercio con ellos desnivelado, comprándoles los EE.UU. más de lo que les vende, ha utilizado la imposición de aranceles como un arma, entendiendo que los perjuicios que pueda sufrir serán menores que los que afectarán a la otra parte, la cual supone que estará inclinada a ceder y no continuar el conflicto.

Una interrogante válida es la de si no existe algún límite para el éxito de esa estrategia. Es factible concebir su empleo eficaz en uno u otro caso, pero cuando se aplica de forma simultánea en escenarios múltiples se puede cuestionar si la capacidad de influencia no está siendo utilizada más allá de su potencial máximo. Tal cosa podría suceder dado que entre los frentes comerciales y financieros que los EE.UU. tienen abiertos figuran Europa, Canadá, México, China, Corea del Norte, Irán, Corea del Sur, Turquía, Rusia, Venezuela, Cuba, Siria, Myanmar, Congo, Sudán, Pakistán y Costa de Marfil.

Los partidarios de la estrategia afirman que el mayor riesgo radica en no mantener la presión por suficiente tiempo.

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