?Vecinos opuestos
El panorama político sudamericano presenta un aspecto peculiar. Muestra un notorio conjunto de países vecinos con gobiernos ideológicamente opuestos. Es como si su estructura hubiese sido diseñada con el propósito de que cada país represente un polo al que corresponde otro de orientación contraria.
Viendo el panorama de ese modo, es posible identificar pares de países vecinos, uno de los cuales tiene un gobierno conservador y el otro un gobierno de izquierda. Podemos mencionar a ese respecto Colombia y Venezuela, Brasil y Argentina, Chile y Bolivia, o Ecuador y Perú, los primeros en cada par inclinados a la derecha y los segundos hacia la izquierda.
Desde el ángulo político, los puntos de vista contrapuestos pudieran estimular conflictos por asuntos que, entre regímenes ideológicamente afines, se podrían resolver más fácilmente mediante conversaciones y encuentros de alto nivel. El contexto actual, sin embargo, con gobiernos enfrascados en la lucha contra el virus, y financieramente debilitados por las recesiones económicas causadas por la pandemia, no es propicio para embarcarse en disputas externas. En esas condiciones, las diferencias conceptuales no son un obstáculo significativo que impida negociar soluciones y arribar a acuerdos satisfactorios.
Pero más graves son las implicaciones para la integración económica regional, esa anhelada meta que ha eludido a estadistas y líderes visionarios durante generaciones. Desde el ángulo económico, la presencia de vecinos opuestos puede hacer más difícil poner en marcha los procesos necesarios para superar la fase de las reducciones de tarifas aduaneras. El cumplimiento de requisitos como la armonización de las leyes, el tratamiento de las inversiones, la libertad de tránsito de las personas, la distribución de sectores estratégicos, la convertibilidad monetaria y la compatibilización de los sistemas fiscales, se complica por las divergencias en el enfoque de los participantes.

Gustavo Volmar