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Peso de la realidad

El gobernante debe decidir si sigue la agenda de su preferencia, o se acomoda al curso de acción que las realidades permiten

Todos los jefes de estado se desenvuelven en dos esferas diferentes. Una de ellas es la conformada por las cosas que desearían hacer. Y la otra les llega definida por las realidades que les rodean. Ambas pueden coincidir en algunos aspectos, pero es común que no coincidan en muchos otros. En tales circunstancias, el gobernante debe decidir si sigue la agenda de su preferencia, o se acomoda al curso de acción que las realidades permiten.

Hasta los dirigentes de las naciones más poderosas enfrentan esa disyuntiva, y no siempre están en condiciones de imponer su voluntad.

Un ejemplo de ello lo acaba de dar el presidente de los EE.UU., presumiblemente la nación más poderosa del planeta, en lo que concierne a las relaciones con Arabia Saudita. En su campaña electoral, el presidente prometió que convertiría al régimen saudita en un paria, debido a la alegada participación del príncipe heredero (y monarca de hecho) Mohamed bin Salman en el asesinato del periodista opositor Jamal Khashoggi, ocurrido en octubre del 2018 en el consulado saudí en Estambul, Turquía. Durante los primeros meses de su presidencia, Biden incluso rehusó conversar con bin Salman. Y mucho más recientemente, apenas un mes antes de su visita al Medio Oriente en el pasado mes de julio, declaró que no se reuniría con él durante su viaje. Fue notoria, por lo tanto, la foto de Biden y bin Salman en el palacio real saudita, chocando puños amistosamente como dos entrañables colegas.

Prevaleció el peso de la realidad. Con la confrontación con Irán sin solución y posiblemente en camino a agravarse, sumada a la crisis con Rusia y el alza de precio del petróleo, Arabia Saudita es un aliado que no se puede dejar de lado. Los israelíes, por lo regular más pragmáticos y sagaces, deben haberlo enfatizado en su previo encuentro con Biden, haciéndole ver que puede ser grande la distancia entre las políticas guiadas por principios, y el comportamiento que los objetivos prácticos hacen aconsejable.

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Doctor en Economía de Columbia University especializado en empresas, mercados, pronósticos y riesgo.