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Entusiasmo atenuado

Entre los vehículos que están circulando y los que están estacionados, agotan el espacio disponible

Reducido, aunque no eliminado, el temor al virus de la pandemia, las actividades sociales y comerciales este año se han podido llevar a cabo con menores restricciones. El viernes negro y la temporada navideña fueron recibidos con entusiasmo por los dominicanos, a pesar del innegable efecto de la inflación sobre el poder adquisitivo de sus ingresos. El agobiante tránsito vehicular, sin embargo, atenuó el disfrute.

No es extraño que así haya sido, pues nada diferente podía suceder si continuamente se añaden más vehículos a calles y avenidas que siguen siendo del mismo tamaño. Entre los que están circulando y los que están estacionados, agotan el espacio disponible y provocan que transitar, especialmente en la ciudad capital, se convierta en un ejercicio estratégico de selección de rutas.

En cualquier país donde eso ocurre, el costo económico gravita sobre los bolsillos de la población. En los EE.UU., por ejemplo, la Universidad de Texas A&M ha estimado que el costo total anual a nivel nacional supera los 160 mil millones de dólares, y que el costo por persona en cuanto a productividad perdida y combustible gastado, se triplicó en treinta años. Y el panorama es aún más sombrío en países como Nigeria, Indonesia, la India y Filipinas.

Para mayor desaliento, se ha encontrado que a pesar de grandes inversiones, la gravedad del problema no disminuye significativamente. Dado que las condiciones que lo originan, en particular el crecimiento demográfico, la urbanización, la densificación y el incremento en la cantidad de vehículos, continúan acentuándose, las inversiones y medidas pasan a ser simples paliativos que apenas mitigan el empeoramiento de la situación.

En nuestro caso, contribuyen también el irrespeto por las señales de tránsito, la proliferación de motocicletas cuyos conductores se comportan anárquicamente, y la actuación de los agentes que consideran ser más eficientes que los semáforos. Y, por supuesto, la más absoluta falta de planeación urbana.

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Doctor en Economía de Columbia University especializado en empresas, mercados, pronósticos y riesgo.