Dotes de transformación
Aún en los EE.UU., cuyo sistema bipartidista ha estado vigente por decenas de años, la transformación de sus dos fuerzas políticas principales ha sido muy significativa
Frecuentemente se dice que las personas, luego de llegar a cierta edad, en realidad no cambian. Pueden variar su comportamiento visible a fin de adaptarse a nuevas situaciones, especialmente cuando de ello depende integrarse en grupos sociales o conservar un empleo. Pero en su más profundo interior, persisten los hábitos y preferencias forjados durante sus años formativos.
Pero si las personas no cambian, las empresas e instituciones sí pueden hacerlo.
En el ámbito económico hay numerosos ejemplos de esa capacidad de transformación. Un caso notorio a ese respecto ha sido el de la compañía Philip Morris. Luego de haber sido uno de los más connotados fabricantes y promotores de cigarrillos y otros artículos contentivos de tabaco, habiendo sido acusada de ocultar informaciones acerca de sus efectos nocivos y consecuencias adictivas, logró forjarse una nueva imagen, diversificando su oferta de bienes y asumiendo una actitud de colaboración para mitigar los daños causados por sus productos.
En la esfera política, las transformaciones son aún más comunes. En nuestro medio, por ejemplo, grandes han sido los cambios que han afectado a los tres partidos que antes dominaban el escenario electoral, al punto de que no se asemejan a sus versiones originales.
Aún en los EE.UU., cuyo sistema bipartidista ha estado vigente por decenas de años, la transformación de sus dos fuerzas políticas principales ha sido muy significativa. El partido demócrata comenzó como una agrupación representativa de agricultores y artesanos del oeste del país, enfatizando los derechos de los estados sobre el poder federal, y apoyando la esclavitud. Ochenta años después de terminada la Guerra Civil, se convirtió en un baluarte del poder federal y de las personas de color. De su lado, el partido republicano, que abogaba por el predominio de la federación y la abolición de la esclavitud, se transformó en una entidad recelosa del gobierno federal y defensora de los sectores conservadores.

Gustavo Volmar