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Repartos dispares

En países pobres, en los que gran parte de la población tiene ingresos bajos y paga pocos impuestos, la divergencia y la amenaza se agravan.

Es innegable que el mecanismo de pensiones conocido como sistema de reparto tiene un nombre apropiado. Se fundamenta en que el dinero que alguien contribuye al sistema durante su vida laboral, se utiliza para pagar las pensiones de quienes ya se retiraron, es decir, se reparte entre otras personas a las que el trabajador no conoce ni tiene por qué conocer, ya que lo mismo sucederá con él o ella cuando le llegue el momento de pensionarse. Los que pagarán su pensión tampoco le conocerán ni tendrán forma o deseo de hacerlo.

En lo que el nombre no es tan explícito, sin embargo, es respecto de qué es lo que se va a repartir, ya que los ingresos futuros del sistema son una incógnita. Se pueden estimar mediante proyecciones acerca del crecimiento económico, la distribución del ingreso, el aumento de los salarios, la inflación, la tasa de desempleo y demás cifras relevantes, pero no con absoluta certeza.

Esa característica implica una asimetría para el mecanismo. De un lado, el de las pensiones, asume compromisos firmes, predeterminados, puesto que establece de antemano cuánto será el monto de las pensiones en función de parámetros como la edad, los sueldos y los años laborados. Pero del otro lado, el de los fondos con los que estos compromisos serán atendidos, depende de circunstancias que el propio sistema no controla, lo que abre la posibilidad de que puedan ser insuficientes.

El reparto, por lo tanto, involucra una disparidad peligrosa, medible en términos del grado de variabilidad de los ingresos en comparación con el de los compromisos. Y ese factor de peligro se acentúa cuando el sistema incluye disposiciones de pensiones mínimas, independientes de lo que la persona ganaba y aportaba.

En países pobres, en los que gran parte de la población tiene ingresos bajos y paga pocos impuestos, la divergencia y la amenaza se agravan. En esos casos, se prometen montos como si se tuviera ya el dinero, cuando en realidad lo único que se tiene para repartir es la pobreza.

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Doctor en Economía de Columbia University especializado en empresas, mercados, pronósticos y riesgo.